La justicia (universal) en España es un cachondeo

Hu y Jiang

Si ya es difícil que por ahí fuera se tomen en serio este país, la justicia española pone además mucho de su parte: un día inhabilita al juez Garzon, otro día hace un papelón lamentable ante Estrasburgo con la doctrina Parot, y ahora dicta orden de detención contra dos ex presidentes chinos, dos, Jiang Zemin y el que le sucedió, Hu Jintao.

Dejemos aparte los casos que aquí todos conocemos pero que no trascienden demasiado al extranjero, ya no se si para bien o para mal. A la justicia española se la ha conocido en los últimos casi veinte años por impulsar la jurisdicción universal primero -con los procesos contra las juntas militares argentinas y contra Augusto Pinochet- y por machacarla acto seguido, independientemente de quién estuviera en el gobierno, lo cual habrá que entender como una buena prueba de la independencia del poder judicial, ¿no?

Se nos dice que la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional ha encontrado un resquicio legal para acusar a dos expresidentes chinos, dos, más un ex primer ministro y otros dos capitostes, de genocidio y no se cuántas cosas más en Tíbet. No seré yo quien niegue lo que hayan hecho los chinos en ese país -de lo cual nadie presta atención, porque ya está la gente de Hollywood que los defiende-. Lo sangrante es que el hueco legal que la Audiencia ha encontrado es el hecho de que uno de los querellantes es español: el jefe de la Casa de Tíbet en Barcelona, que es un lama del exilio.

¿Por qué es sangrante? Porque en el 2009 se reformó a toda prisa la Ley Orgánica del Poder Judicial, un solo artículo en concreto, para cargarse el principio de jurisdicción universal que precisamente era un ejemplo que impulsaba el Tribunal Penal Internacional (el TPI, lamentablemente, sólo procesa militares africanos de capitán para abajo y cosas así, como los Gadafi, pero el principio de justicia estaba sentado). Se reformó a toda prisa porque estaba prosperando una querella interpuesta por el Centro Palestino de Derechos Humanos, que dirige, no se si todavía, en Gaza el doctor Rahi, un abogado y luchador correoso al que he tenido el gusto de conocer. Los acusados eran el ex ministro de Defensa israelí Beniamin Ben Eliezer, el ex jefe de los servicios secretos Shin Bet y luego jefe de la seguridad interior Avi Dichter, y algunos personajes más. Y la acusación era casi simbólica, dada la desmesura del castigo que Israel inflige a los palestinos: la muerte de catorce civiles en un bombardeo cuyo objetivo era un jefe de Hamas en Gaza.

La embajada israelí vociferó -como hace por costumbre ante cualquier cosa, y ante esta todavía más- y el ministro Moratinos prometió al gobieno israelí que se arreglaría el asunto y se modificaría la ley. Así está publicado. Y así e hizo.

No hubo manera de llevar adelante el caso de Guatemala, contra Ríos Mont, Romeo Lucas y Mejía Victores, ni el de Ruanda por la muerte de religiosos y cooperantes españoles a manos de tipos que -según Amnistía Internacional- ahora trabajan para la ONU; ni el de José Couso, ni el de los jesuítas de El Salvador, que también eran españoles, ¡en 1989!, ni el de los vuelos de la CIA que pasaban por España… Sin embargo, se modificó la ley para que la justicia universal sólo se pueda aplicar si hay españoles implicados, lo que liquidaba el tema israelí. O si, no se lo pierdan, da la casualidad de que el acusado ¡se encuentra en España!

Esto es lo que ha beneficiado al lama Thubten Wangchen, que es español. Vamos a ver si es posible que este principio puede ser aprovechado por palestinos españoles sin importar si han sido represaliados o no, pues el mencionado lama no lo fue nunca en su propia persona más allá del exilio de su familia. Vamos a ver si se puede aprovechar el resquicio. Igual no está todo perdido. La causa por los bombardeos de Gaza del 2008, que mataron a 1.500 personas y causaron una destrucción enorme de la que fui testigo, sigue esperando.

Porque, mientras la Audiencia se curraba el auto tibetano, visitaba Madrid nada menos que el señor Avi Dichter sin ningún problema, y El País le entrevistaba para que se desahogara contra Irán, sin mencionar siquiera que había sido objeto de una querella en España… ¡Y se le podría haber aplicado la ley, en teoría! Casi al mismo tiempo, Artur Mas se atrevía a visitar Jerusalén Este, territorio bajo ocupación. Pero ya se sabe de las querencias de la Cataluña oficial. El Tíbet es una de ellas, por cierto.

Para (intentar) entender lo de Siria / 3. El misil que le falta a Bashar el Asad

(Publicado en La Vanguardia el 6 de Septiembre de 2013)

VladímirPutin ha despejado una incógnita en San Petersburgo: Rusia, principal proveedora de armas a Siria, suspende el envío del sistema de misiles S-300 a Bashar el Asad… aunque ya estaba medio pagado. El sistema S-300 es el equivalente ruso del Patriot estadounidense, misiles de medio-largo alcance capaces de interceptar en pleno vuelo misiles de crucero y aviones de combate; es decir, el mayor obstáculo para el pretendido ataque de Barack Obama a Siria con los Tomahawk. EE.UU. y la OTAN tienen instalados misiles Patriot en Jordania y Turquía.

No se trataba de un misterio, pero en los últimos meses rusos y sirios dejaron margen para la especulación. A finales de mayo, inmediatamente después de que la Unión Europea levantara el embargo de armas a Siria (para apoyar legalmente a los rebeldes), Bashar el Asad dijo que había recibido ya el primer envío de S-300. Rusia afirmó entonces que los S-300 serían “un factor estabilizador”, a lo que Israel respondió amenazando con atacar Siria.

Rusia se desdijo, asegurando que, aunque seguía vigente el contrato (por mil millones de dólares, firmado en el 2011 pero antes de la guerra), la entrega se retrasaba hasta el 2014. Más aún, tras el ataque químico del pasado 21 de agosto, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, dejó muy claro que Rusia no iba a “entrar en guerra con nadie”. Rusia ha ido evacuando, a lo largo de esta guerra, a sus ciudadanos en Siria, incluido el personal de la base naval de Tartus. Si el S-300 estuviera ya en el país, según el protocolo habitual tendría que ser manejado al principio por los expertos rusos hasta que el cliente sirio estuviera entrenado. Eso sería como entrar directamente en la guerra, y si un ataque norteamericano a una de estas baterías provocara bajas rusas, eso podría ser casus belli.

La agencia rusa Ria-Novosti ha confirmado las palabras de Putin en el sentido de que los componentes entregados -supuestamente en mayo- no son suficientes para poner en marcha una batería de defensa antiaérea. Tampoco Damasco podría haber obtenido el sistema a través de Irán porque Rusia incumplió este mismo tipo de contrato con Teherán y no le envió los S-300. Moscú aplicó el embargo de armas dictado por las sanciones de la ONU contra Irán y suspendió el acuerdo, lo que llevó al Gobierno iraní a denunciar a Rusia ante el Tribunal Internacional de Arbitraje de Ginebra. Los iraníes están desarrollando su propio equivalente al S-300, pero queda lejos de estar listo.

Los planes de intervención en Siria se empezaron a barajar en el Pentágono por orden de Obama oficialmente en marzo del 2012. El esquema inicial era parecido al que se aplicó en Libia en el 2011: imponer una zona de exclusión aérea y abrir corredores para las fuerzas rebeldes. Sin embargo, según explicó al Senado el jefe de Estado Mayor, el general Dempsey, lograr la superioridad aérea en Siria costaría “un periodo de tiempo prolongado y un gran número de aeronaves”, cientos de aviones. Siria no es Libia. La aviación de El Asad es tan obsoleta e ineficiente como lo era la de Gadafi, pero su defensa antiaérea integrada es aparentemente mejor y más numerosa. El primer día de bombardeo de la OTAN sobre Libia se lanzó un centenar de misiles Tomahawk. En el caso de un ataque sostenido a Siria se suma otro problema: es necesaria la colaboración de las fuerzas de tierra para la identificación de objetivos móviles y las comunicaciones. En el caso sirio, ¿en quién hay que confiar?

Todo esto daría sentido a la opción de operación “limitada” a que se ha referido Obama. Existe el precedente de septiembre del 2007, cuando la aviación israelí atacó una supuesta instalación nuclear en Siria, bloqueando la defensa electrónica y los radares durante un breve periodo de tiempo.

Pero queda otro problema. Lo que los rusos sí han tenido tiempo de enviar a Siria es el sistema antibuque Bastión, instalado en la costa pero móvil, que está equipado con misiles supersónicos P-800 Yajont, lo bastante potentes como para hundir un barco a más de 300 kilómetros de distancia. Naturalmente, la Armada de EE.UU., desde cuyos navíos se lanzarían los Tomahawk contra Siria, dispone del sistema antimisil Aegis para protegerse, pero se supone que el misil Yajont está diseñado precisamente para contrarrestarlo…

Para (intentar) entender lo de Siria / 2. Triple juego en el campo sirio

bandar-bin-sultan-saudijski-princ-dzihada-pravi-zapovjednik-sirijskih-ekstremista-i-globalni-mocnik-iz-sjene-koji-ce-iskoristiti-sav-novcani-i-politicku-utjecaj-rijada-da-se-sukob-u-siriji-zavrsi-prema-njihovoj-volji_3871_2893

ARABIA SAUDI, ESTADOS UNIDOS Y LOS YIHADISTAS, EN UNA INSÓLITA ALIANZA DE INTERESES CONTRA EL RÉGIMEN DE BASHAR EL ASAD

(Publicado en La Vanguardia el 2 de Septiembre de 2013)

El 22 de agosto, al día siguiente del ataque químico en Damasco, el Financial Times publicaba una carta al director firmada por K.N. Al Sabah, de Londres. Decía: “Señor, Irán está apoyando a El Asad. ¡Los estados del Golfo están contra El Asad! El Asad está contra los Hermanos Musulmanes (…) ¡Pero los estados del Golfo son pro-Al Sisi! Lo que significa que están contra los Hermanos Musulmanes! (…) Los estados del Golfo son pro-EE.UU. Pero Turquía está con los estados del Golfo contra El Asad, aunque Turquía está a favor de los Hermanos Musulmanes contra el general Al Sisi. Y el general Al Sisi está apoyado por los estados del Golfo!”
El remitente concluía: “Bienvenido a Oriente Medio y que tenga un buen día”. ¿Confuso? Desde luego. En la carta -que resumimos- el autor concentraba la historia más reciente de Oriente Medio. Pero faltaba el dato más nuevo: EE.UU. está contra El Asad y apoya a los rebeldes sirios, cuya fuerza más importante son yihadistas y asociados a Al Qaeda, que es precisamente el enemigo jurado de EE.UU. En Siria, estos radicales han recibido armas de Arabia Saudí, que es aliado estratégico de EE.UU. en la región. Al mismo tiempo, Barack Obama bombardea con aviones no tripulados a Al Qaeda en Yemen y la frontera afgano-pakistaní (causando por cierto miles de víctimas civiles).
¿Cómo es posible semejante alianza ? En Siria, algunos piensan -o quieren pensar- que Washington aprovecharía el ataque a El Asad para diezmar también a los yihadistas. Otros temen eso mismo. Y observadores exteriores como Robert Fisk creen que no lo hará en absoluto. En el campo de batalla de Siria está la pugna Arabia Saudí-Irán, con sus respectivos aliados EE.UU. y Rusia, en la que Turquía y Qatar aparecen como aspirantes a poderes regionales.
Entre los rebeldes sirios, la filiación islamista ha llegado a ser garantía de recibir armas. Hasta marzo, el tráfico de armas -a través de Turquía y Jordania- era mucho mayor por parte de Qatar que de Arabia Saudí, aunque ambos países colaboraban en las entregas. Pero las cosas han cambiado y el peso de los saudíes, sobre el terreno y en la Coalición Nacional Siria -la oposición política en el exilio-, es ahora mayor.
Todo esto ha coincidido en el tiempo con la abdicación, en junio, del emir qatarí en su hijo y en la sustitución del poderoso ministro de Exteriores y primer ministro, Hamad bin Yazme al Zani, el hombre que llevó a un estado minúsculo a la primera línea de la política regional.
El analista Vijay Prashad observa que desde entonces la política exterior qatarí está en rápida decadencia y señala que Washington cree que la manera de “desinflar” a los Hermanos Musulmanes -a los que antes apoyó indirectamente en Egipto y que están patrocinados por Qatar- es reducir las ambiciones del pequeño emirato. La ecuación también funciona al revés: en Egipto, los Hermanos Musulmanes han sido echados del poder, con lo que Qatar pierde peso, mientras que el partido salafista Al Nur, apoyado por los saudíes, forma parte de la coalición cívico-militar encabezada por el general Al Sisi.
Qatar ha sido enemigo y ha sido aliado de EE.UU. Apoya a Hamas y les puso oficina a los talibanes afganos en Doha, pero también fue un importante socio en el derrocamiento de Gadafi en Libia. La cadena Al Yazira ha sido muy odiada por Washington, pero ahora acaba de inaugurarse el canal Al Yazira América…
Se especuló mucho sobre el interés estadounidense en la caída del gran ministro de Exteriores del viejo emir Al Zani, a la vez que se producía el asenso de John Brennan a jefe de la CIA. En la época en que Brennan fue asesor de Obama en política antiterrorista, según The Wall Street Journal , tuvo de confidente al príncipe saudí Bandar bin Sultan al Saud, que parece ser el hombre del momento.
Amigo de George W. Bush, y de formación estadounidense en su juventud, Bandar desempeñó muchos papeles para EE.UU. en Afganistán e Iraq. Ahora, convertido en jefe de los servicios secretos saudíes, se habría presentado de nuevo como solucionador de problemas , despejando además a Qatar del juego sirio. Se le atribuye haber convencido a Washington de que hay que derrocar a Bashar el Asad y de que eso es posible ayudando con dinero y armas a las milicias menos radicales. Sin embargo, sobre quién ha armado a los más alqaedistas, si Qatar o Arabia Saudí, hay versiones para todos los gustos. Es obvio que quien tiene más medios recluta más combatientes, pero la promesa de controlar e impulsar a determinadas milicias, aceptables para EE.UU., parece cuando menos optimista. Los testimonios recogidos por la periodista Dale Gavlak en el lugar del ataque químico (ver La Vanguardia del 31/IX/2013) afirmaban que Bandar era el proveedor de gas tóxico a los rebeldes (a quienes se les habría ido de las manos , a través de un jefe miliciano saudí.
La reaparición del príncipe Bandar como gestor del ataque de EE.UU. ha servido para desempolvar una pequeña historia sobre petróleo, gas e intereses rusos que podría haber explicado por qué Moscú se ha mostrado tan poco beligerante ante los planes de ataque de Obama.
El 31 de julio, el príncipe Bandar visitó a Vladímir Putin y le ofreció de todo a cambio de que aceptara una resolución del Consejo de Seguridad contra Siria. A saber: conservar la base naval de Tartus, garantías de que los terroristas chechenos no atenten contra los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi, una compra de armas por 15.000 millones de dólares, inversiones en Rusia, un pacto para regular el precio del petróleo y la promesa de que Arabia Saudí no permitiría a los estados del Golfo (léase Qatar) exportar gas a través de Siria dañando los intereses de Rusia.
Los medios rusos filtraron esta oferta y el diario beirutí As Safir la publicó con un sospechoso lujo de detalles y citas textuales, atribuyéndola a un diplomático occidental en Líbano. La intención, según Vitali Naumkin, del Instituto de Oriente de la Academia de Ciencias rusa, era “desacreditar a Rusia” y crear dudas sobre su posición respecto a Siria. Pero Putin no iba a ceder por vender 150 carros de combate T-90 (España espera que los saudíes compren 250 carros Leopard), ni tampoco iba a aceptar que quienes financian a los chechenos le cuiden la granja… Tampoco un acuerdo sobre el precio del petróleo le interesa, según The Daily Telegraph .
Y en cuanto al gas… En el 2009, Qatar estudió con Turquía la construcción de un gasoducto. El objetivo era, una vez más, contrarrestar el peso del gas ruso en Europa. Había dos rutas posibles. Pasando siempre por Arabia Saudí, una llegaría a Turquía por Iraq y la otra, por Jordania y Siria. Esta última era entonces la más segura. Pero Damasco no firmó, y optó por un gasoducto Irán-sur de Iraq-Siria en el que habría inversión rusa. Si existe un pacto por parte de Rusia, no parece ser el del príncipe Bandar. Pero en todo lo que respecta a Oriente Medio, la cuestión no es otra que el petróleo y el gas.