Estos días en Gaza

En los próximos días pueden pasar muchas cosas en Gaza, pero tengo la impresión de que el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, ya ha conseguido lo que quería.
Un destacado intelectual de Gaza, médico por más señas, me decía cuatro años atrás que una de las cosas que aterraba a la sociedad israelí -secuestrada desde hace años por la misma clase político-militar- es que los palestinos hablen, que se expresen, que amenacen. Se dice que ahora, otra vez, Netanyahu utiliza la guerra (una guerra asimétrica que apenas merece tal nombre) con fines electorales, ante las votaciones de enero, de tal forma que la sangre de los gazatíes le sirvirá para demostrar que es capaz de proteger Israel. Pero más bien creo que su objetivo ha sido demostrar que los nuevos cohetes iraníes de Hamas son capaces de alcanzar Tel Aviv. Y con eso tiene más que suficiente.
En el invierno del 2008-2009 no se habló de alto el fuego hasta pasadas al menos tres semanas de ofensiva. Primero fueron bombardeos aéreos intensos, luego una invasión terrestre que dividió la Franja de Gaza en cinco partes. La comunidad internacional esa de la que hablamos siempre no levantó una ceja hasta que se llegó al millar de muertos. Al final, fueron unos 1.400 palestinos… y, si no recuerdo mal, trece israelíes. Esta vez se ha hablado de tregua apenas pasados seis días, y todo el mundo parece tener gran interés, Israel en primer lugar: una invasión terrestre sería una acción impopular, según parece que indican las encuestas; y acabar con todas las lanzaderas de cohetes de Hamas a lo mejor no conviene. Por otra parte, si hace cuatro años las fronteras de Gaza permanecieron cerradas durante toda la operación Plomo Fundido y los periodistas sólo conseguimos entrar (desde Egipto) para levantar acta de la destrucción y las matanzas, esta vez no es el caso.
A diferencia de entonces, está en el interés de todos, Israel, Egipto, Qatar (que es el nuevo actor en la zona), Turquía, Estados Unidos…, detener la matanza. Cada uno con sus razones. Por parte de Hamas no lo sé. Como me decía un colega de fatigas en Gaza, estos tipos dan miedo. Empezaron por comprar a la gente, por ponerles velo a las mujeres, por fomentar la delación, por ocupar todo el espacio público. Y no les importa sacrificar cuantas vidas hagan falta en aras de sus grandiosos fines.
En enero de 2009, se podía ver el socavón dejado por un proyectil israelí a escasos metros de la casa de Mahmud Zahar, el jefe más duro de Hamas. Ni le mataron (tal vez ya estuviera escondido en el sótano del hospital Al Shifa) ni le destruyeron la vivienda. ¿Por qué?
La inmoralidad de unos y otros -y el hecho de ser víctimas de la ocupación, el bloqueo, los bombardeos… no disculpa a los hombres de Hamas- se supera con cada nuevo episodio.
Esta vez no estoy en Gaza, y no se si querría estar. Tengo un nudo en el estómago.

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