Para (intentar) entender lo de Siria / 3. El misil que le falta a Bashar el Asad

(Publicado en La Vanguardia el 6 de Septiembre de 2013)

VladímirPutin ha despejado una incógnita en San Petersburgo: Rusia, principal proveedora de armas a Siria, suspende el envío del sistema de misiles S-300 a Bashar el Asad… aunque ya estaba medio pagado. El sistema S-300 es el equivalente ruso del Patriot estadounidense, misiles de medio-largo alcance capaces de interceptar en pleno vuelo misiles de crucero y aviones de combate; es decir, el mayor obstáculo para el pretendido ataque de Barack Obama a Siria con los Tomahawk. EE.UU. y la OTAN tienen instalados misiles Patriot en Jordania y Turquía.

No se trataba de un misterio, pero en los últimos meses rusos y sirios dejaron margen para la especulación. A finales de mayo, inmediatamente después de que la Unión Europea levantara el embargo de armas a Siria (para apoyar legalmente a los rebeldes), Bashar el Asad dijo que había recibido ya el primer envío de S-300. Rusia afirmó entonces que los S-300 serían “un factor estabilizador”, a lo que Israel respondió amenazando con atacar Siria.

Rusia se desdijo, asegurando que, aunque seguía vigente el contrato (por mil millones de dólares, firmado en el 2011 pero antes de la guerra), la entrega se retrasaba hasta el 2014. Más aún, tras el ataque químico del pasado 21 de agosto, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, dejó muy claro que Rusia no iba a “entrar en guerra con nadie”. Rusia ha ido evacuando, a lo largo de esta guerra, a sus ciudadanos en Siria, incluido el personal de la base naval de Tartus. Si el S-300 estuviera ya en el país, según el protocolo habitual tendría que ser manejado al principio por los expertos rusos hasta que el cliente sirio estuviera entrenado. Eso sería como entrar directamente en la guerra, y si un ataque norteamericano a una de estas baterías provocara bajas rusas, eso podría ser casus belli.

La agencia rusa Ria-Novosti ha confirmado las palabras de Putin en el sentido de que los componentes entregados -supuestamente en mayo- no son suficientes para poner en marcha una batería de defensa antiaérea. Tampoco Damasco podría haber obtenido el sistema a través de Irán porque Rusia incumplió este mismo tipo de contrato con Teherán y no le envió los S-300. Moscú aplicó el embargo de armas dictado por las sanciones de la ONU contra Irán y suspendió el acuerdo, lo que llevó al Gobierno iraní a denunciar a Rusia ante el Tribunal Internacional de Arbitraje de Ginebra. Los iraníes están desarrollando su propio equivalente al S-300, pero queda lejos de estar listo.

Los planes de intervención en Siria se empezaron a barajar en el Pentágono por orden de Obama oficialmente en marzo del 2012. El esquema inicial era parecido al que se aplicó en Libia en el 2011: imponer una zona de exclusión aérea y abrir corredores para las fuerzas rebeldes. Sin embargo, según explicó al Senado el jefe de Estado Mayor, el general Dempsey, lograr la superioridad aérea en Siria costaría “un periodo de tiempo prolongado y un gran número de aeronaves”, cientos de aviones. Siria no es Libia. La aviación de El Asad es tan obsoleta e ineficiente como lo era la de Gadafi, pero su defensa antiaérea integrada es aparentemente mejor y más numerosa. El primer día de bombardeo de la OTAN sobre Libia se lanzó un centenar de misiles Tomahawk. En el caso de un ataque sostenido a Siria se suma otro problema: es necesaria la colaboración de las fuerzas de tierra para la identificación de objetivos móviles y las comunicaciones. En el caso sirio, ¿en quién hay que confiar?

Todo esto daría sentido a la opción de operación “limitada” a que se ha referido Obama. Existe el precedente de septiembre del 2007, cuando la aviación israelí atacó una supuesta instalación nuclear en Siria, bloqueando la defensa electrónica y los radares durante un breve periodo de tiempo.

Pero queda otro problema. Lo que los rusos sí han tenido tiempo de enviar a Siria es el sistema antibuque Bastión, instalado en la costa pero móvil, que está equipado con misiles supersónicos P-800 Yajont, lo bastante potentes como para hundir un barco a más de 300 kilómetros de distancia. Naturalmente, la Armada de EE.UU., desde cuyos navíos se lanzarían los Tomahawk contra Siria, dispone del sistema antimisil Aegis para protegerse, pero se supone que el misil Yajont está diseñado precisamente para contrarrestarlo…

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Para (intentar) entender lo de Siria / 2. Triple juego en el campo sirio

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ARABIA SAUDI, ESTADOS UNIDOS Y LOS YIHADISTAS, EN UNA INSÓLITA ALIANZA DE INTERESES CONTRA EL RÉGIMEN DE BASHAR EL ASAD

(Publicado en La Vanguardia el 2 de Septiembre de 2013)

El 22 de agosto, al día siguiente del ataque químico en Damasco, el Financial Times publicaba una carta al director firmada por K.N. Al Sabah, de Londres. Decía: “Señor, Irán está apoyando a El Asad. ¡Los estados del Golfo están contra El Asad! El Asad está contra los Hermanos Musulmanes (…) ¡Pero los estados del Golfo son pro-Al Sisi! Lo que significa que están contra los Hermanos Musulmanes! (…) Los estados del Golfo son pro-EE.UU. Pero Turquía está con los estados del Golfo contra El Asad, aunque Turquía está a favor de los Hermanos Musulmanes contra el general Al Sisi. Y el general Al Sisi está apoyado por los estados del Golfo!”
El remitente concluía: “Bienvenido a Oriente Medio y que tenga un buen día”. ¿Confuso? Desde luego. En la carta -que resumimos- el autor concentraba la historia más reciente de Oriente Medio. Pero faltaba el dato más nuevo: EE.UU. está contra El Asad y apoya a los rebeldes sirios, cuya fuerza más importante son yihadistas y asociados a Al Qaeda, que es precisamente el enemigo jurado de EE.UU. En Siria, estos radicales han recibido armas de Arabia Saudí, que es aliado estratégico de EE.UU. en la región. Al mismo tiempo, Barack Obama bombardea con aviones no tripulados a Al Qaeda en Yemen y la frontera afgano-pakistaní (causando por cierto miles de víctimas civiles).
¿Cómo es posible semejante alianza ? En Siria, algunos piensan -o quieren pensar- que Washington aprovecharía el ataque a El Asad para diezmar también a los yihadistas. Otros temen eso mismo. Y observadores exteriores como Robert Fisk creen que no lo hará en absoluto. En el campo de batalla de Siria está la pugna Arabia Saudí-Irán, con sus respectivos aliados EE.UU. y Rusia, en la que Turquía y Qatar aparecen como aspirantes a poderes regionales.
Entre los rebeldes sirios, la filiación islamista ha llegado a ser garantía de recibir armas. Hasta marzo, el tráfico de armas -a través de Turquía y Jordania- era mucho mayor por parte de Qatar que de Arabia Saudí, aunque ambos países colaboraban en las entregas. Pero las cosas han cambiado y el peso de los saudíes, sobre el terreno y en la Coalición Nacional Siria -la oposición política en el exilio-, es ahora mayor.
Todo esto ha coincidido en el tiempo con la abdicación, en junio, del emir qatarí en su hijo y en la sustitución del poderoso ministro de Exteriores y primer ministro, Hamad bin Yazme al Zani, el hombre que llevó a un estado minúsculo a la primera línea de la política regional.
El analista Vijay Prashad observa que desde entonces la política exterior qatarí está en rápida decadencia y señala que Washington cree que la manera de “desinflar” a los Hermanos Musulmanes -a los que antes apoyó indirectamente en Egipto y que están patrocinados por Qatar- es reducir las ambiciones del pequeño emirato. La ecuación también funciona al revés: en Egipto, los Hermanos Musulmanes han sido echados del poder, con lo que Qatar pierde peso, mientras que el partido salafista Al Nur, apoyado por los saudíes, forma parte de la coalición cívico-militar encabezada por el general Al Sisi.
Qatar ha sido enemigo y ha sido aliado de EE.UU. Apoya a Hamas y les puso oficina a los talibanes afganos en Doha, pero también fue un importante socio en el derrocamiento de Gadafi en Libia. La cadena Al Yazira ha sido muy odiada por Washington, pero ahora acaba de inaugurarse el canal Al Yazira América…
Se especuló mucho sobre el interés estadounidense en la caída del gran ministro de Exteriores del viejo emir Al Zani, a la vez que se producía el asenso de John Brennan a jefe de la CIA. En la época en que Brennan fue asesor de Obama en política antiterrorista, según The Wall Street Journal , tuvo de confidente al príncipe saudí Bandar bin Sultan al Saud, que parece ser el hombre del momento.
Amigo de George W. Bush, y de formación estadounidense en su juventud, Bandar desempeñó muchos papeles para EE.UU. en Afganistán e Iraq. Ahora, convertido en jefe de los servicios secretos saudíes, se habría presentado de nuevo como solucionador de problemas , despejando además a Qatar del juego sirio. Se le atribuye haber convencido a Washington de que hay que derrocar a Bashar el Asad y de que eso es posible ayudando con dinero y armas a las milicias menos radicales. Sin embargo, sobre quién ha armado a los más alqaedistas, si Qatar o Arabia Saudí, hay versiones para todos los gustos. Es obvio que quien tiene más medios recluta más combatientes, pero la promesa de controlar e impulsar a determinadas milicias, aceptables para EE.UU., parece cuando menos optimista. Los testimonios recogidos por la periodista Dale Gavlak en el lugar del ataque químico (ver La Vanguardia del 31/IX/2013) afirmaban que Bandar era el proveedor de gas tóxico a los rebeldes (a quienes se les habría ido de las manos , a través de un jefe miliciano saudí.
La reaparición del príncipe Bandar como gestor del ataque de EE.UU. ha servido para desempolvar una pequeña historia sobre petróleo, gas e intereses rusos que podría haber explicado por qué Moscú se ha mostrado tan poco beligerante ante los planes de ataque de Obama.
El 31 de julio, el príncipe Bandar visitó a Vladímir Putin y le ofreció de todo a cambio de que aceptara una resolución del Consejo de Seguridad contra Siria. A saber: conservar la base naval de Tartus, garantías de que los terroristas chechenos no atenten contra los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi, una compra de armas por 15.000 millones de dólares, inversiones en Rusia, un pacto para regular el precio del petróleo y la promesa de que Arabia Saudí no permitiría a los estados del Golfo (léase Qatar) exportar gas a través de Siria dañando los intereses de Rusia.
Los medios rusos filtraron esta oferta y el diario beirutí As Safir la publicó con un sospechoso lujo de detalles y citas textuales, atribuyéndola a un diplomático occidental en Líbano. La intención, según Vitali Naumkin, del Instituto de Oriente de la Academia de Ciencias rusa, era “desacreditar a Rusia” y crear dudas sobre su posición respecto a Siria. Pero Putin no iba a ceder por vender 150 carros de combate T-90 (España espera que los saudíes compren 250 carros Leopard), ni tampoco iba a aceptar que quienes financian a los chechenos le cuiden la granja… Tampoco un acuerdo sobre el precio del petróleo le interesa, según The Daily Telegraph .
Y en cuanto al gas… En el 2009, Qatar estudió con Turquía la construcción de un gasoducto. El objetivo era, una vez más, contrarrestar el peso del gas ruso en Europa. Había dos rutas posibles. Pasando siempre por Arabia Saudí, una llegaría a Turquía por Iraq y la otra, por Jordania y Siria. Esta última era entonces la más segura. Pero Damasco no firmó, y optó por un gasoducto Irán-sur de Iraq-Siria en el que habría inversión rusa. Si existe un pacto por parte de Rusia, no parece ser el del príncipe Bandar. Pero en todo lo que respecta a Oriente Medio, la cuestión no es otra que el petróleo y el gas.

Ex jefazos de la ONU denuncian el ataque a Siria

Varios ex jefazos de la ONU denuncian en una carta los planes de ataque a Siria y los argumentos más que dudosos con los que pretenden justificarla. De paso, dicen cuatro verdades. Ya era hora de una cosa así, pero ojalá no fueran antiguos jefes sino los actuales (la fidelidad a unos sueldos fantásticos, ya se sabe…).
Aquí va la carta:

ALEGATO POR LA PAZ

Los tambores de guerra vuelven a resonar una vez más en Oriente Próximo, esta vez con la posibilidad de un inminente ataque a Siria después del supuesto uso de armas químicas por parte de su gobierno. Precisamente en momentos de crisis como estos es cuando los argumentos en favor de la paz son más claros y obvios.

En primer lugar, no tenemos pruebas solidas de que el gobierno sirio haya utilizado armas químicas. Aunque los gobiernos occidentales hubieran proporcionado pruebas, tendríamos que permanecer escépticos recordando los muchos incidentes falsos o fabricados utilizados para justificar el precipitarse a la guerra: el incidente del Golfo de Tonkin, la masacre de las incubadoras de Kuwait, la masacre de Racak en Kosovo, las armas iraquíes de destrucción masiva y la amenaza de una masacre en Bengasi. Vale la pena recordar que las pruebas que indicaban que el gobierno sirio había utilizado armas químicas fueron proporcionadas a Estados Unidos por la inteligencia israelí http://www.theguardian.com/world/2013/aug/28/israeli-intelligence-intercepted-syria-chemical-talk
, que no es exactamente un actor neutral.

Aunque en esta ocasión las pruebas fueran auténticas, esto no legitimaría una acción unilateral por parte de nadie. Todavía se necesita la autorización del Consejo de Seguridad para una acción militar. Quienes se lamentan de su “inacción” deberían recordar que la oposición china y rusa a la intervención en Siria se debe en parte al abuso por parte de las potencias occidentales de la Resolución del Consejo de Seguridad sobre Libia para llevar a cabo un “cambio de régimen” en ese país. Lo que se denomina la “comunidad internacional”, que desea atacar Siria, se reduce a dos países (Estados Unidos y Francia) de los casi doscientos que existen en el mundo. No es posible respetar el derecho internacional sin respetar la opinión decente del resto de la humanidad.

Aunque se autorizara y llevara a cabo una acción militar, ¿qué conseguiría? No se pueden controlar seriamente las armas químicas sin tropas de tierra, lo que nadie considera una opción realista después de los desastres de Iraq y Afganistán. Occidente no tiene un aliado verdadero y fiable en Siria. Los yihadistas que luchan contra el gobierno no siente más amor por Occidente que aquellos que asesinaron al embajador estadounidense en Libia. Una cosa es tomar el dinero y las armas de un país y otra muy diferente es ser su genuino aliado.

Los gobiernos sirio, iraní y ruso han hecho propuestas de negociación que han sido tratadas despectivamente por Occidente. Aquellas personas que afirman “no podemos hablar o negociar con Assad” olvidan que se dijo lo mismo del Frente de Liberación Nacional de Argelia, de Ho Chi Minh, Mao, la Unión Soviética, la OLP, el IRA, ETA, Mandela y el CNA, y muchas guerrillas en América Latina. La cuestión no es si se habla o no con la otra parte, sino después de cuántas muertes innecesarias se acepta hacerlo.

La época en la que Estados Unidos y los pocos aliados que le quedaban actuaban como policía global ha quedado atrás. El mundo se está volviendo más multipolar y los pueblos del mundo quieren más soberanía, no menos. La mayor transformación social del siglo XX ha sido la descolonización y Occidente debería adaptarse al hecho de que no tiene ni el derecho ni la competencia ni los medios de gobernar el mundo.

No existe un lugar en el que la estrategia de guerras interminables haya fracasado más miserablemente que en Oriente Próximo. A largo plazo, el derrocamiento de Mossadegh en Irán, la aventura del Canal de Suez, las muchas guerras israelíes, las dos Guerras del Golfo, las amenazas constantes y las sanciones asesinas contra Iraq y ahora contra Irán, la intervención en Libia no han conseguido nada más que aumentar las masacres, el odio y el caos. Sin un cambio radical de política Siria solo puede ser otro fracaso para Occidente.

El verdadero valor no consiste en lanzar misiles crucero simplemente para hacer gala de un poder militar que se ha vuelto cada vez más ineficaz. El verdadero valor reside en romper radicalmente con esta lógica mortífera y, en vez de ello, obligar a Israel a negociar de buena fe con los palestinos, convocar una Segunda Conferencia de Ginebra sobre Siria y discutir con los iraníes su programa nuclear de forma honesta teniendo en cuenta la legítima seguridad y los intereses de Irán.

La reciente votación del Parlamento británico en contra de la guerra así como las reacciones en los medios sociales reflejan un giro generalizado de la opinión pública. En Occidente estamos cansados de guerras y estamos dispuestos a unirnos a la verdadera comunidad internacional en exigir un mundo basado en la Carta de las Naciones Unidas, la desmilitarización, el respeto a la soberanía nacional y la igualdad de todas las naciones.

Los pueblos de Occidente también exigen ejercer su derecho a la autodeterminación: si hay que emprender guerras, se debe hacer basándose en debates abiertos y teniendo en cuenta las preocupaciones que afectan directamente a nuestra seguridad nacional y no en una mal definida noción de “derecho de injerencia” que se puede manipular y falsear fácilmente.

Está en nosotros y nosotras obligar a nuestros políticos a respetar este derecho a la autodeterminación.

Por la paz y en contra de la intervención.

Firmas:

Dr Hans Christof Graf von Sponeck, Secretario General adjunto de la ONU, y Coordinador Humanitario de la ONU para Iraq 1998 – 2000.

Dr. Denis J. Halliday, Secretario General adjunto de la ONU 1994-98

Dr. Saïd Zulficar, funcionario de la UNESCO 1967 to 1996, Director de la División del Patrimonio Cultural 1992 -1996

Dr. Samir Radwan, Fonctionnaire OIT de 1979 à 2003. Conseiller du Directeur général de l’OIT sur les politiques de développement de 2001 à 2003. Ministre égyptien des Finances de janvier à juillet 2011.

Dr. Samir Basta, directeur du bureau régional pour l’Europe de l’Unicef (1990 à 1995). Directeur Bureau d’Evaluation de l’UNICEF (1985-1990)

Misiles en España (y si gana Romney…)

El Gobierno de España –el actual, pero también el anterior, el gobierno, en una palabra y con él la clase política en general- nos acaba de colocar un paquete de misiles norteamericanos mientras todos andamos preocupados por otros asuntos más urgentes ligados a la supervivencia diaria o entretenidos en hipótesis identitarias. Cuatro destructores de la US Navy se instalarán en la base naval de Rota, equipados con radares y misiles interceptores de misiles (suena raro, pero así es la cosa) del llamado sistema AEGIS. Los dos primeros barcos llegarán el año que viene. Se supone que su función es proteger a Europa de hipotéticos ataques de misiles lanzados desde Irán.

            El acuerdo firmado con la administración norteamericana supone una enmienda al convenio de cooperación con Estados Unidos, renovable cada ocho años, conforme al cual sus fuerzas armadas utilizan bases militares en nuestro territorio, y ha seguido en España el trámite habitual del decretazo.

 Washington hizo la solicitud formal en enero de 2011. El 7 de octubre de ese año el gobierno Zapatero lo aprobó en consejo de ministros, y justo un año después, el mes pasado, el gobierno Rajoy autorizó la firma. Todo ello sin debate parlamentario.

 El ministro de Defensa, Pedro Morenés, se reunió en Washington con el jefe del Pentágono, Leon Panetta, y en pocos días ambos se volvieron a encontrar, el 10 de octubre, en Bruselas para firmar los papeles. Morenés –junto con el ministro de Exteriores, García Margallo- informó al día siguiente al Congreso de que la cosa ya estaba hecha. Nadie se quejó ni protestó por la opacidad del proceso. La excepción fue  Izquierda Plural, que utilizó el argumento, un tanto peregrino, de que los misiles de esos barcos no son puramente defensivos sino que también sirven “para atacar”. Esto no está del todo claro pero, el portavoz de IP en la comisión de Defensa, José Luis Centella, consideró que España será a partir de ahora “más vulnerable”. El resto de partidos parecían más interesados en saber si el gobierno había hecho un buen negocio con los americanos –“aparte de las tapas que se van a comer en los bares de Rota”, dijo Rosa Díez, por ejemplo-.

            De modo que en asuntos de seguridad nacional parece que no cabe discutir nada. Impera el “esto es bueno para España”, ese sonsonete que tanto le gusta al PP, y la prensa, por su parte, guarda silencio.

            En teoría, la función de estos misiles antimisil es interceptar cualquier proyectil de corto y medio alcance procedente de, digamos… Irán, tal como señala la doctrina oficial de Washington. Los cuatro destructores no se quedarán quietos en la base de Rota (cuyo restaurante ha sido reconocido como el mejor entre todas las bases americanas de ultramar) sino que se moverán por el Mediterráneo; serán parte de la VI Flota y podrán desplazarse al océano Indico o adonde haga falta. Con qué objetivos no se sabe, pero según el ministro Morenés cualquier misión fuera del marco de la OTAN o del convenio entre EE.UU. y España tendrá que tener la aprobación del gobierno español. La cuestión es si con los barcos en alta mar y ante cualquier eventualidad alguien se molestará en llamar a Moncloa.

            Morenés se lamentaba de que ha costado un año entero cerrar la negociación. España aporta poco, se limita a poner la base, y las obras de remodelación de ésta correrán a cuenta de los americanos. Por supuesto, el gran argumento público del ministro es que los cuatro barcos y las 1.200 familias de los tripulantes y otro personal darán vidilla a los astilleros de Navantia y, en general, a la bahía de Cádiz. El plan inicial era adaptar cinco fragatas de la clase F-100 al sistema AEGIS –o a su versión más moderna-, lo que hubiera supuesto una participación española activa en el escudo antimisiles, pero no hay presupuesto para ello. Alemania, por lo visto, sí adaptará barcos al sistema AEGIS.

            Si la instalación de los cruceros, con sus misiles, en Rota puede poner en peligro la seguridad del país o, como se afirma, la refuerza es algo que debería haber pasado por el debate público. Pero aquí parece que estamos por otros asuntos. Así, una periodista de Canal Sur preguntó al ministro Morenés si con el nuevo acuerdo sobre Rota se convertía así Andalucía en un espacio “estratégico”.

            -Bueno, Andalucía no… España –contestó con toda lógica el ministro.

            El escudo antimisiles, un proyecto estadounidense que ha sido convenientemente colocado bajo el paraguas de la OTAN, es un asunto demasiado global como para andar con tonterías.

            ¿En qué consiste? Se trata básicamente de un tinglado de radares y lanzaderas de misiles interceptores, pero tiene implicaciones mayores.

 De algún modo, es lo que ha quedado de aquel enloquecido plan de la “guerra de las galaxias” de Ronald Reagan, del que ya nadie se acuerda. Lo lanzó George W. Bush nada más llegar a la presidencia y retirándose por la cara del acuerdo ABM de control y reducción de misiles de largo alcance firmado con Rusia treinta años antes, que prohibía  explícitamente el desarrollo de “escudos” porque atenta directamente contra la filosofía del desarme y la distensión. El sistema AEGIS de radares y proyectiles, que es lo que implica a España, constituye una parte del escudo.

 Desde entonces, el escudo ha sido un elemento constante de fricción con Rusia. Bush pretendía, entre otras cosas, instalar diez misiles de largo alcance en Polonia y un radar en la República Checa, volviendo así a los mejores tiempos de la guerra fría. Obama liquidó esta parte del plan, pero el candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney, ha amenazado con recuperarlo si gana las elecciones del 6 de noviembre.

Los argumentos que se han hecho públicos de este rifirrafe son tan absurdos como la propia lógica de la disuasión nuclear. Bush dijo a los rusos que el escudo no iba contra Rusia sino contra los estados “gamberros” como Irán y Corea del Norte, a lo cual le contestaron que era difícil defenderse de un ataque norcoreano con misiles en Polonia. Obama heredó el problema. Acordó con Dimitir Medvédev en Moscú, en julio del 2009, desmontar unas cuantas cabezas nucleares, pero el escudo seguía siendo un obstáculo para toda negociación seria, a pesar de que el presidente americano insistía en el mismo argumento de Bush de que el escudo no iba contra Rusia. Si Obama decía que “podemos ponernos de acuerdo”, los rusos respondían que muy bien: montemos pues un escudo conjunto. No, esto no es operativo, replicaban entonces en Washington.

Rusia dijo que respondería al escudo con nuevos misiles en Kaliningrado (antiguamente Königsberg, hoy enclave ruso entre Polonia y Lituania). Obama optó por olvidarse de Polonia. La retirada del plan sentó muy mal en todos los países del Este, todavía muy sensibles a la paranoia del poderío ruso. Se habló de Turquía, Israel y los Balcanes como alternativas. Pero en el caso turco, aunque menos comprometido que el israelí, unos misiles “contra” Irán perjudicarían una política exterior que se basa en la idea de “cero problemas” con los vecinos (ahora cuestionada, de todos modos, por la guerra de Siria).

Al final, el radar previsto en Chequia ha ido a parar a Turquía y los misiles polacos, a Rumanía, donde se instalarán en 2015. El gobierno rumano se ofreció con entusiasmo y firmó el acuerdo en agosto de 2011, dos meses antes de que el gobierno Zapatero aprobara lo de los destructores de Rota.

La idea, según el Pentágono bajo la administración Obama, es que misiles iraníes podrían amenazar a las fuerzas americanas en Oriente Medio o en Europa, o a los aliados de Estados Unidos. Esto se ve más factible que la hipótesis de que Irán pueda tener misiles de largo alcance un día de estos.

Los republicanos lo ven de otra manera. Lo que haría Romney sería dar prioridad a la defensa del territorio de EE.UU., luego a sus fuerzas desplazadas por ahí, y en tercer lugar a Europa. Romney ha criticado a Obama por “abandonar” a los polacos y ofrecer “más flexibilidad” a los rusos (fue a Medvedev en concreto, cuando Obama se dejó el micrófono abierto en una reunión en Seúl, en marzo de este año) en caso de ser reelegido presidente.

La intención declarada de Romney es revertir, en sus primeros cien días de mandato, los recortes de Obama en los programas de misiles y volver de algún modo a los planes de Bush de colocar misiles de largo alcance en Europa. Además, instalaría misiles interceptores en la costa Este de EE.UU. (un plan ya aprobado por el Congreso, de mayoría republicana) y añadiría más en Alaska y California,  después de que Obama los haya reducido. La firma Boeing (la misma de los aviones) es la concesionaria de los silos en estos dos estados. Obama, por cierto, descartó las propuestas de Boeing sobre el escudo antimisiles y optó por una fórmula de ahorro. En abril pasado redujo en 1.400 millones de dólares los fondos del programa.

El lobbysta Riki Ellison, presidente de la Missile Defense Advocacy Alliance, cree que para Romney no será posible afrontar todo esto al mismo tiempo. Por tanto, lo que haría un presidente republicano sería sería retrasar o ralentizar los planes del escudo antimisiles. Ya se ve que éste no es precisamente una fuente de ingresos para los fabricantes… El lobby del misil tiene un presidente curioso. Riki Ellison es un antiguo jugador (defensa) de fútbol americano, campeón de tres Superbowls y de origen maorí…. La opinión de Romney de reforzar antes que nada la defensa antimisiles en territorio de EE.UU. es la misma que Ellison defendía en 2009 cuando Obama cambió de planes sobre el escudo antimisiles.

En cuánto todo esto nos puede afectar a partir de ahora es demasiado pronto para saberlo. Los misiles de los barcos de Rota están en su primera generación, de las tres previstas, y ya veremos lo que vendrá después. Tanto si gana Romney como si gana Obama, ahí los vamos a tener.

Qué puede pasar en Siria esta semana

Aquí van algunas ideas de lo que se dice, se colige, se especula que puede pasar en los próximos día en Siria.

En la batalla de Alepo, las tropas de Bashar el Asad está por la labor de expulsar al rebelde Ejército Libre Sirio (ELS) de la ciudad. De lo que ocurre allí sólo hay unas pocas fuentes realmente fiables, las de los reporteros que se han quedado dentro. La campaña de desinformación, de un lado y del otro, ha hecho que, una vez más, sólo nos podamos fiar de los periodistas que se juegan la vida en el sitio, y aun así su acceso al conjunto de la situación no es posible: occidentales y árabes sólo pueden trabajar en la parte rebelde; en la del gobierno, lo hacen rusos e iraníes, y no mucho.

El ejército sirio persigue, al mismo tiempo, acabar con el territorio liberado del ELS junto a la frontera turca, pero van pasando las semanas y sigue concentrado en Alepo. Las incursiones en este sector corren a cargo de la aviación, tan sólo, y en realidad de forma limitada. Según unas versiones, las tropas de tierra no dan más de sí porque están empeñadas en otros frentes secundarios (Alepo no es el único); según otras, la familia Asad todavía no ha sacado todo lo que tienen y muchos soldados permanecen aún en sus cuarteles, porque la guerra será larga…

En cualquier caso, las noticias que se han adelantado para esta semana son muy interesantes, aunque vienen de una fuente ignota… Las ha difundido en inglés un tuitero que afirma ser sirio y que se identifica como The 47th, y dicen que el ELS va a disponer de cohetes portátiles antiaéreos SA-7. Hay otros rumores en el mismo sentido.

Lo de los antiaéreos parece fundamental, porque con ellos se podría combatir a la aviación y frenar así un avance de las tropas del régimen no sólo en Alepo sino en toda la provincia del mismo nombre, limítrofe con Turquía. De otro modo, las fuerzas del presidente El Asad lo tendrían mucho más fácil para cerrar la frontera turca y estrangular a la milicia rebelde.

Estos cohetes portátiles procederían de Libia. Llamados SA-7 en la terminología de la OTAN, son de fabricación rusa y su nombre original es Strelá (flecha). El nombre genérico, en inglés, del artefacto es SAM (misil superficie-aire). En la guerra de Afganistán de los ochenta, los muyaidín utilizaron con mucho éxito la versión americana, los Stinger, contra los helicópteros soviéticos.

Un rebelde libio, con un SA-7. Foto: Patrick Baz / Afp.

Y en Libia, en marzo del 2011, cuando el asedio de Bengasi era inminente, un buen día hicieron su aparición en las azoteas de los cuarteles rebeldes, uno, dos, tres, cuatro… Lograron derribar dos aviones; lástima que uno de ellos era de los propios rebeldes. Fue un triste error, con los tanques de Gadafi a las puertas de la ciudad. Lo pude ver perfectamente desde la calle, a eso de las nueve y media de la mañana del 17 de marzo. Sobrevolaba la ciudad a baja altura, la zona de exclusión aérea acababa de ser impuesta por la OTAN y nos preguntábamos entonces si iba o no a bombardear el cuartel general rebelde, junto al puerto. Pero resultó ser uno de los cuatro cazas que tenían los insurgentes. Ni siquiera se vio cómo subía el cohete para alcanzar el avión, que cayó igual que una cerilla que se arroja al suelo. Precisamente la víspera, un diputado conservador alemán de visita que había sido alcanzado cerca del frente de Brega por una lluvia de morteros –muriendo sus acompañantes libios- discutía con un miembro del Consejo Nacional de Transición la necesidad de cohetes Stinger. Aparentemente, en aquel ambiente de caos y a la vez de secretismo del campo rebelde, ni uno ni otro sabían que los cohetes ya habían llegado a Bengasi.

También en esa misma semana se ha de celebrar en territorio turco una reunión de comandantes rebeldes sirios para unificar de algún modo un mando militar, que hasta ahora parece poco menos que inexistente. En Turquía, el coronel desertor Riad el Asad (sin parentesco con la familia gobernante) se presentó en sociedad en junio del 2011 como jefe del Ejército Libre Sirio, pero no es reconocido (en qué medida no lo sabemos) por los comandantes del interior. Eso sí, su actividad en internet es incesante.

Todo esto nos lo adelanta el mencionado tuitero The 47th. Quienquiera que sea, hasta el momento ha acertado en dos cosas: la deserción del general Mustafa Tlas -viejo amigo de la familia El Asad-, que anunció con 24 horas de antelación,  y la defección de un alto cargo, hace más de una semana. Advirtió entonces que había problemas para sacarlo del país. Se trataba del primer ministro, Riad Hijab, y en efecto el hombre se largó a Jordania más o menos en el plazo señalado.

¿Qué se espera, además de todo esto? Teniendo en cuenta cómo están las cosas –e incluso que estamos en pleno agosto-, las fuerzas exteriores implicadas parecen muy relajadas. Nadie tiene prisa. Si acaso, Irán, que apoya a Bashar el Asad, vuelve a intentar una ofensiva diplomática para no quedarse fuera del concierto. Del viaje de Hillary Clinton a Turquía, y de su insinuación de que a lo mejor se impone una zona de exclusión aérea como en Libia, vale más no hacer caso. Porque es obvio que aquí nadie dice la verdad.

España compra armas israelíes… y se retira de Líbano

Al mismo tiempo que una oportuna filtración al diario El País adelanta un recorte de 20.000 empleos en el conjunto de las Fuerzas Armadas –es decir, un anuncio de más parados-, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, presenta la retirada de la mitad del contingente español en el sur de Líbano como una medida de ahorro.

Lo primero es inevitable, en España como en todo el bloque de la OTAN, por exigencias de modernización y de eficiencia. Y no es nada nuevo.  Lo segundo es incierto: del millar de efectivos en Líbano, doscientos ya han dejado la misión de la ONU (FINUL), con lo cual sólo hay que retirar trescientos, y me temo   que este “ahorro” tiene más que ver con el Tribunal de Cuentas que con los gastos de un ministerio que carga al erario público con una deuda de 27.000 millones de euros.

Mientras tanto -y sin que haya precisamente un vínculo político con lo anterior- Defensa se gasta gasta 7,2 millones de euros en una partida de morteros de última generación fabricados por una empresa de Israel, Elbit Systems. A finales de junio se entregó la primera media docena, que son montados en todoterrenos de la firma Urovesa, la de los camiones Uro, ya saben… Se trata del mortero autónomo Cardom, que dispara granadas de 81 mm (España optó por el calibre pequeño; el grande es de 120 mm). El mortero es un arma temible, y este aún más (pueden verlo en acción, y hacerse una idea, en http://www.armyrecognition.com ). Desde luego, en Líbano, donde la misión militar es de pura observación, el artefacto no hace ninguna falta. En lo que respecta a Afganistán, se supone que nos vamos a retirar.

Pero el contrato data de noviembre de 2011, y no es cuestión de echarse atrás. Veamos los números. El presupuesto de Defensa se redujo un 9,1 % en los presupuestos de 2012, quedando en 6.316 millones de euros con 44 céntimos. Con 600 millones menos, no se van a poder pagar deudas. Este año al parecer sólo cobrará, y poco, el consorcio EADS por el programa Eurofighter y el del avión de transporte AM400.

Sin embargo, en marzo pasado, el gobierno autorizó al ministerio a contratar vía crédito por valor de 623,8 millones. De esta cantidad, 277,2 millones se dedicarían a las misiones de paz en el extranjero durante el primer trimestre del año.

A primeros de julio, un informe del Tribunal de Cuentas señalaba la “falta de rigor y realismo” en los presupuestos de las misiones de paz y una gestión de éstos “extraordinariamente laboriosa, confusa y formalmente irregular”. Era una manera elegante de llamar la atención sobre la grave distorsión que supone el hecho de que casi todo el dinero destinado a la guerra de Afganistán, la persecución de piratas-pescadores en el Índico, o los paseos a lo largo de la frontera entre Líbano e Israel no sale del presupuesto del Ministerio de Defensa sino de créditos con cargo al Fondo de Contingencia de los presupuestos generales del Estado.

El Tribunal de Cuentas se fija en que en 2009 el crédito inicial para las misiones (Afganistán, Líbano, Operación Atalanta en Somalia…) era de 14,3 millones y el crédito final fue de 713,5 millones. La diferencia es asombrosa… Y lo mismo en 2010: de 14,3 millones a 787,9 millones. Pero es que en los años anteriores, 2007 y 2008 ocurrió lo mismo, con la particularidad de que a medida que se reducía cada año el crédito inicial aumentaba la parte del Fondo de Contingencia, el cual durante cuatro años superó de largo los 600 millones. Según un informe de Paulina Correa, de la Universidad Rey Juan Carlos, entre 2005 y 2009 un 20% del Fondo de Contingencia se lo comió Defensa bajo esos conceptos.

Entre Defensa y las Fuerzas Armadas hay, además, un “desproporcionado número de órganos de contratación”, dijo el Tribunal de Cuentas. Cabe imaginar el despropósito

Al cabo de cuatro días de conocerse el informe del Tribunal, el consejo de ministros recortaba 20,68 millones de euros sobre esos créditos, equivalentes al 3,4% de esos 600 millones, catalogados como de no disponibilidad, que recaen sobre las misiones de paz. El Ministerio de Defensa no ha informado de si esa cantidad se corresponde con el ahorro que supone la retirada de tropas.

Respecto a las evaluaciones del Tribunal de Cuentas, se desconoce cuáles son otras “irregularidades” que señala, las del convenio entre Defensa y la empresa pública Navantia: “Irregularidades formales y materiales, tanto en su procedimiento de elaboración como en su régimen económico”. La Armada española es el principal cliente de Navantia. De entrada, este año Defensa no pagará nada de lo que debe a Navantia por los programas de modernización (una fragata, un submarino…, cosas así).

Pedro Morenés se preocupó de advertir a las empresas españolas que, tal como están las cosas, “no pueden depender exclusivamente de su cliente tradicional –el Ministerio- o de los programas multinacionales de los que España forma parte”. Es decir, búsquense la vida porque no podemos pagar. Las empresas del sector son unas 400, según datos de Infodefensa, y representan unos 20.000 empleos directos (es curioso, tantos como se van a perder en el rumoreado recorte “por tierra, mar y aire”).

A propósito de los morteros de 7,2 millones de euros, el contrato con Israel conllevó protestas ante el ministerio y ante los tribunales por parte de la firma Expal –que ha exportado sus propios artefactos a Italia, por ejemplo- al quedarse fuera de concurso. El producto israelí salía más económico.

Aunque lleva desde 1996 vinculado al Ministerio de Defensa, Pedro Morenés es un hombre de empresa. Sabe, pues, de lo que habla. Cuando asumió la cartera era el hombre en España de MBDA, fabricante de misiles, y había dejado Instalaza SA, la firma de Zaragoza que producía de bombas de racimo y de la que fue consejero hasta marzo del 2009. Esta munición (que es de mortero, precisamente) quedó prohibida en el convenio de Dublín de diciembre de 2008. En abril de 2011 fue encontrada en la ciudad libia de Misrata, durante el duro asedio de las tropas de Gadafi. Instalaza reclamó al Gobierno español 40 millones de euros en concepto de lucro cesante debido a la prohibición internacional. Tanto el gobierno del PSOE como el del PP, que se sepa, rechazaron la petición.

“Mientras determinados países incrementan sus presupuestos de Defensa de manera exponencial, nosotros los estamos disminuyendo de manera alarmante”, sostiene el ministro. No es tanto así… Ni lo primero ni lo segundo. Defensa es el quinto ministerio menos afectado por los recortes. Eso sí, todos sus funcionarios, y los miembros de las Fuerzas Armadas se quedarán este año sin la extra de Navidad.