Pocas bromas con Mahmud Yibril

El hombre que podría ser presidente de Libia

Contra todo pronóstico, los islamistas han perdido las elecciones del 7 de julio en Libia. Los libios no se parecen a sus vecinos egipcios y tunecinos, dicen. Los libios, insistían durante la guerra, son buenos musulmanes pero no fanáticos islamistas. De otro lado, la manipulación de la religión por Moamar el Gadafi bien podría haber generado un sentimiento del todo opuesto a un fervor reactivo, eso está por analizar. La derrota de los islamistas, si la comparamos con su triunfo en Túnez y en Egipto, es bochornosa.

Quizás los libios son unos pragmáticos incontestables y no están para experimentos. Yo me lo creo, porque las brigadas combatientes en la guerra, a pesar de las diferencias y las rencillas, fueron capaces de luchar más o menos unidas y no se han exterminado entre ellas después de liquidar al dictador. Así, estos jóvenes que apenas han sido desmovilizados y que no tienen trabajo, sus padres, cuñados y hermanas están eligiendo como líder del país a un personaje típico de una transición, un hombre puente entre el antiguo régimen y uno nuevo: Mahmud Yibril, un tipo que de entrada no parece agradable ni simpático.

Mahmud Yibril es un hombre con una expresión permanente de hastío y de disgusto hacia cuanto le rodea.  Dicen que carece de sentido del humor (Gadafi eso sí lo tenía, al menos en apariencia) y yo comparto  esa impresión; en todo caso, su humor debe ser ácido. Ha sido descrito por sus rivales como autoritario, opaco y manipulador. Un político de talla, pues. Tanto, que su verdadera aspiración probablemente no es otra que la de convertirse en presidente de Libia.

Quizás esa suma de actitudes que le adorna proceda de la época en que oficiaba de asesor de Saif al Islam Gadafi cuando el heredero se las daba de reformista después de licenciarse en la London School of Economics a golpe de talonario. Entonces Yibril aguantaba las intemperancias del hijo y las del padre, que no quería saber nada de todo aquello. Es politólogo y economista. Se doctoró en la universidad de Pittsburg y dio clases allí mismo.

Yibril les hizo la guerra a los Gadafi desde el principio de la rebelión de febrero de 2011. Fue el jefe de la diplomacia rebelde y ganó la confianza de los franceses, los británicos y los estadounidenses. Pasó casi toda la guerra viajando a pesar de que al mismo tiempo era jefe ejecutivo del Consejo Nacional de Transición, una especie de primer ministro. Al final, tras la toma de Trípoli, sus enemigos políticos y algunos comandantes milicianos le obligaron a retirarse. Lo hizo dos días después del linchamiento de Gadafi. Teniendo en cuenta la época de caos que siguió, la suya se puede entender como una retirada a tiempo

El pasado enero, en Barcelona, durante una entrevista me mostró una tableta con tres diseños para el logotipo de lo que él llamaba un “movimiento cívico” que estaba formando, y que acabó siendo una coalición electoral.

-¿Cuál le gusta más?

Los tres diseños, variaciones del mismo tema, eran más bien pobres y anticuados, algo así como los logos de deportes de los juegos olímpicos. Por contestar algo, le dije cuál me gustaba menos: una silueta que hacia girar el globo terráqueo en sus manos.

-Me recuerda un poco la escena de El gran dictador, de Charles Chaplin.

Yibril sonrió a medias, por el colmillo. Llamó a su lado al flamante embajador libio en España, el poeta Mohamed el Fakih Saleh, y enseñándole la tabla le repitió mi comentario (del cual lo únco que entendí fue la palabra “Chaplin”). Al final descartaría los tres diseños. El logo de su Alianza de Fuerzas Nacionales (ANF) son tres siluetas que avanzan en fila, cada una de un color de la bandera libia, muy sencillo y evidente.

Yibril se quejaba de que sus paisanos no tenían ni idea de lo que son unas elecciones, ni una Constitución, ni un sistema presidencialista o uno parlamentario, ni nada de nada…

Ese era el espacio que podían conquistar los islamistas. Mahmud Yibril temía dos cosas, que les lloviera el dinero de Qatar y de Arabia Saudí, y que los occidentales, ante la ecuación orden/democracia optaran por apoyar como siempre el orden, como ha hecho Estados Unidos en Egipto con los Hermanos Musulmanes.

Al final, el Partido de la Justicia y la Construcción, vinculado a la rama libia de los Hermanos Musulmanes, ha ganado 17 escaños y la Alianza de Fuerzas Nacionales de Mahmud Yibril, 34. Una goleada en todas las ciudades libias, que se hace extensiva además al ex yihadista y comandante militar rebelde de Trípoli Abdelhakim Belhaj: ni un escaño para sí mismo.

Las elecciones tienen truco, de todas formas, y nadie puede asegurar que los islamistas no se hagan con la mayoría en la Asamblea Nacional provisional que se ha de formar, porque la elección por listas de partidos –que es la que ha ganado Yibril- sólo afecta a 80 de los 200 escaños. Los otros 120 corresponden a candidatos independientes, y es ahí donde los islamistas aspiran a sacar partidarios, en una pelea que ya empezó hace días y que ni dios sabe cuándo acabará.

Pero al margen del voto al pariente, al jefe miliciano o al notable del pueblo, es innegable que Mahmud Yibril ha sabido manejar mejor sus recursos. Aunque no era candidato (no podía serlo ningún miembro o ex miembro del Consejo Nacional de Transición que, mal que bien, ha llevado a Libia hasta estas elecciones), colocó su foto en los carteles de su Alianza y salió en la tele todo lo que pudo. ¿Y quién, recién salido de una guerra, no vota al tipo que parece más experimentado y más serio?

Mohamed Sauan, el principal candidato islamista, ha dicho que Yibril ha engañado a la gente porque no era candidato y que no está cualificado para dirigir el país, pero que sería muy útil como  profesor de universidad. Que sepamos, el señor Sauan es un antiguo gerente de hotel, dicho sea con todos los respetos para tan digno menester. De otro lado, algunos electores dijeron a las agencias de noticias (entusiasmadas con la derrota de los islamistas) que no les hace falta que nadie les enseñe religión… Esa había sido una amenaza en toda regla por parte de Mohamed Sauan.

En su primera -y dramática- conferencia de prensa en Trípoli, el 8 de septiembre, Yibril anunció que se retiraría del Consejo Nacional de Transición en cuanto acabara la guerra. Y afirmó: “No tomaré parte en experimentos de gobierno interino”. Lo dijo porque lo echaban, pero también es lo que le convenía. El primer ministro que salga de la Asamblea Nacional durará lo que se tarde en redactar una Constitución. Después de aprobada en referéndum, habrá otras elecciones. Aún no sabemos si sólo parlamentarias o también presidenciales. La Alianza de Yibril no ha dicho qué sistema prefiere, pero probablemente él ya sabe qué clase de presidente quiere ser.

(A continuación la entrevista con Mahmud Yibril de enero de 2011)

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“Todavía me pregunto quién mató a Gadafi”

(entrevista publicada el 22 de enero de 2012 en www.lavanguardia.es, y en versión resumida en la edición impresa de La Vanguardia)

Mahmud Yibril, ex primer ministro de transición de Libia

“Había demasiados intereses en demasiados sitios para silenciar a Gadafi”

“Cuando en Egipto o Túnez cayó el régimen el Estado seguía allí, en Libia, desapareció”

FÉLIX FLORES

Barcelona

Fue el hombre que “vendió” al mundo la revolución libia y logró el reconocimiento internacional al Consejo Nacional de Transición (CNT), del que fue primer ministro hasta finales de octubre. Ahora trata de aglutinar “una coalición de organizaciones cívicas”. Ayer participó en un seminario organizado por el Cidob y Esade sobre las primaveras árabes junto a destacados expertos. Aún es muy pronto para que Mahmud Yibril cuente todo lo que sabe, si es que un día lo hace.

Aunque estaba en sus planes dimitir, ¿tuvieron algo que ver las críticas que recibía, porque era visto como demasiado occidental, porque pasó toda la guerra en el extranjero, haciendo un gran trabajo por otra parte?

Había un compromiso desde el principio: todos en el CNT dimitiríamos. Pero hubo otras razones. Hubo cierta insistencia en que siguiera, y me preguntaba por qué esa insistencia, pensé que si seguía por seis meses, habría elecciones y los libios, sin experiencia democrática, votarían por una fuerza o dos, las mejor organizadas y con dinero (los Hermanos Musulmanes y los salafistas, financiados por Arabia Saudí).

La mayoría de libios habrían sido excluidos. Decidí implicarme en una campaña de “explicación” en varias ciudades, 29, y me di cuenta de que hice bien. Los libios no saben lo que es una Constitución o la diferencia entre un sistema parlamentario y uno presidencialista. En 42 años estaba prohibido incluso mencionar la palabra partido: suponía traición. Elecciones o ley electoral, como la que se aprobó hace dos semanas, son como palabras mágicas, no saben qué significan. Si dejamos a los libios como están, habría dos posibilidades: habría una participación electoral del 20-30% y nuestra credibilidad quedaría dañada, o bien los libios venderían su voto a aquellos que tienen dinero. En ambos casos perderíamos. No me arrepiento, volvería a hacer lo mismo. En cuanto a los que me critican de forma personal, no es mi problema; sólo acepto los que critican mi trabajo. No soy pro-occidental ni pro-oriental.

A usted le critican haber sido miembro del antiguo régimen y en cambio el presidente del CNT, Mustafa Abdeljalil, que fue ministro de Justicia y antes juez del Tribunal Supremo, es popular…

Debería preguntar ahora a la embajada española. Quizás la sensación es di––ferente.

¿Va a crear un partido político o un movimiento social en Libia?

Lo que hay que hacer es armar una coalición de organizaciones cívicas, gente que crea en un estado civil basado en una Constitución con derechos, para que el día de las elecciones haya una sola voz.

Para algunos libios, es positivo el hecho de partir de cero, sin sociedad civil…

Sí.

Las milicias aún están en la calle. Dicen que no se quieren desarmar hasta que vean un gobierno fuerte. Son jóvenes que se convirtieron en milicianos. ¿Qué quieren exactamente?

Muchos están parados, y es la razón por la que se rebelaron. Necesitan trabajo, que es la base fundamental de los derechos humanos. Creo que antes de pedirles que dejen las armas hemos de ofrecerles alternativas. No es sólo reconocerles su papel heróico.

¿Cuántos son, 30.000?

Muchos menos, porque los que ya tenían trabajo entregaron sus armas. Había médicos, ingenieros. Había los parados y algunos que creen que, antes de entregar sus armas, tiene que haber instituciones legítimas en el país, como un ejército y una policía. No olvide que 16.500 criminales fueron soltados por Gadafi tres días antes de la liberación de Trípoli, y andan por la calle diciendo que son revolucionarios, han montado controles… No se les puede distinguir.

¿Cuántos prisioneros de guerra hay, 7.000 o 35.000?

No lo se. Muchos están en manos de los grupos armados.

Los jefes de las brigadas quizás quieren su parte del poder…

Quizás algunos. Hay quien está jugando un buen papel, comola Asambleade Combatientes de Libia, con gente de Bengasi, Zauiya, Misrata… Y es una gran fuerza. Dicen que dejarán las armas cuando haya instituciones legítimas y el país sea el que han soñado.

¿Tienen razón?

Creo que son sinceros.

Saif al Islam, el hijo de Gadafi, está encarcelado en Zintan. La brigada que lo custodia, ¿depende del ministro de Defensa, Osama al Yuali, que era antes el jefe de la brigada?

No, no creo. Pero Al Yuali va y viene… Desearía, urgiría a que los zintanis lo entreguen al Gobierno. Me han dicho que quisieron hacerlo pero el Gobierno dijo que no estaba preparado, que no tenía garantías para protegerlo en Trípoli. El CNT puede formar una brigada con gente de todas partes, bajo control del Gobierno.

El fiscal del Tribunal Penal Internacional (TPI), Moreno Ocampo fue a Libia, pero parece haberse olvidado de todo.

Bueno, la fecha límite es el 23 de enero, mañana.

¿Entonces?

Libia debe responder si lo entrega al TPI o no.

El gobierno actual da una impresión de debilidad.

Creo que se le exige demasiado, fuera de su alcance, especialmente porque no hay consenso nacional y no tenemos policía ni ejército nacional, las dos herramientas principales, el monopolio del orden. Este gobierno no lo tiene.

Por tanto, no puede impedir actos de venganza o extorsión.

Bueno, de tanto en tanto ocurren cosas, esporádicamente, pero creo que todo va mucho mejor de lo que esperábamos inicialmente. Libia es del todo diferente de Túnez o Egipto. Allí, cuando cayó el régimen, el Estado seguía existiendo, en Libia desapareció. Lo único que tenemos es un tejido social con un pegamento muy débil, valores tribales tradicionales y religiosos. Gradualmente, se están dando pasos para un ejército nacional y unos jefes de policía. Pero la gente tiene grandes esperanzas y se impacienta, quiere que el orden vuelva a las calles.

Sabiendo cómo era, o es el país, y la posibilidad cierta de que el Estado se desemoronaría, ¿cómo es posible que la coalición internacional y la OTAN corrieran el riesgo de intervenir como lo hicieron?

Bueno, creyeron lo que les dijimos, les convencimos de que el CNT quería un estado democrático, derechos humanos…

Pero el CNT fue cambiando. Usted mismo hizo grandes cambios tras el “misterioso” asesinato del general Andel Fatal Yunis (jefe militar rebelde de Bengasi).

Sí, es verdad. No niego que, por ejemplo, la hoja de ruta que presentamos al grupo de contacto para Libia era totalmente diferente de la declaración constitucional que hizo después el CNT. Le dijimos a todo el mundo que cuando cayera el régimen dimitiríamos, haríamos la declaración y a continuación elecciones. En lugar de eso, el CNT se quedó. Espero que dimita tras las elecciones.

¿Cuál es la hoja de ruta ahora?

Tras la elección del Congreso Nacional en junio, que seleccionará un comité para elaborar una Constitución y formará un gobierno de transición, que será el tercero. Si se apruebala Constituciónen referendum, habrá elecciones parlamentarias y el Congreso Nacional se disolverá. Es Parlamento será el que constituya el gobierno, y como última etapa habrá una elección presidencial.

Ha habido protestas en Trípoli y Bengasi por la falta de visibilidad del Gobierno interino. La gente sigue sin conocer a los miembros del CNT y a los nuevos ministros; este gobierno no habla mucho…

Son demandas legítimas. La gente tiene derecho a saber cuántos són los miembros del CNT y cómo se llaman, cuáles son sus cualificaciones y quién los ha seleccionado. Antes de la liberación de Trípoli todo el mundo estaba callado porque había una misión común. Pero ahora, la legitimidad del CNT o del Gobierno debe partir de la calle.

¿Cuál es la influencia de Qatar en Libia actualmente?

No tengo idea. Dejé el Gobierno hace dos meses.

¿Qué opciones tienen los islamistas de gobernar?

Son ciudadanos como todos. No hay exclusiones. Sus opciones dependen de cómo se porten con la gente y qué soluciones ofrecen. La cuestión no es si ofrecen la vía islámica sino cómo van a resolver los problemas de la educación, sanidad, empleo…

Cuando las fuerzas de Gadafi estaban arrinconadas en Sirte, supongo que usted tenía información de que él estaba allí. No se tomaron precauciones para asegurar que era detenido, llevado a Trípoli y entregado al CNT. Gadafi fue ejecutado. ¿Por qué?

No teníamos información de que estaba allí. La información que teníamos, cuatro días antes, decía todo lo contrario. Tuvimos informaciones de tres servicios de inteligencia de tres países que nos decían que Gadafi estaba en el sur.

¿De qué países?

¡Je, je! Eso da igual… Salimos a decir que la gente tenía que mantenerse unida y no dejar las armas porque Gadafi estaba en el sur preparando un complot. Cuando la batalla final en Sirte, la sorpresa fue para todos.

¿Alguien dio la orden de matarle?

Sinceramente, es un asunto misterioso.

Usted hizo una declaración…

¡Según lo que me dijo el forense!

No, después, en el sentido de que alguien por teléfono…

Bueno…, aún me hago preguntas y no tengo respuestas. No se quién le mató, sinceramente. Tan sólo especulo con que, si alguien quería matarle, por qué no lo hizo en el primer momento… Le pegaron, le metieron en el coche, todo tipo de cosas desagradables. Quien le mató tenía un gran interés en que muriera para que no fuera juzgado, porque habrían salido a la luz muchos secretos, sus acuerdos con servicios de inteligencia de diferentes países, demasiados acuerdos con gobernantes… Y eso habría sido un enorme escándalo. Había demasiados intereses en demasiados sitios en que permaneciera en silencio para siempre.

Cuando usted negociaba con la OTAN, ¿creía que Gadafi resistiría hasta la última bala?

En mayo y junio recibimos algunas señales de su entorno a través del Gobierno francés de que estaba dispuesto a entregar el poder pero a condición de quedarse en Sirte como un ciudadano común, como un símbolo histórico, y podíamos compartir el poder con su hijo Saif al Islam. Dijimos que no.

¿Quién dijo que no?

El CNT.

Pero hubo debate.

Sí, sobre si debía irse del país o quedarse, para poder vigilarlo. Pero la cosa es que recibimos su mensaje. Nosotros tratamos de ganar tiempo porque la operación para liberar Trípoli estaba en marcha. El plan empezó en abril. La primera fecha para Trípoli era el 14 de julio, se pospuso al 17 de agosto y luego al 20. Estábamos bajo una enorme presión política de nuestros amigos y hermanos para acabar la operación militar o bien sentarnos a dialogar. Dijimos vale, ya diremos algo. Tratamos de ganar tiempo.

Sirte no fue destruida del todo pero casi. ¿Fue un acto de venganza?

Para ser sincero, eso debería ser investigado. El grado de destrucción en Sirte es inimaginable, fuera por los aviones dela OTANo por nuestras fuerzas, no había razón para esa destrucción total.

Usted trabajó con Saif al Islam para preparar una liberalización de la economía libia. ¿Habría sido posible lograrlo? ¿Saif lo deseaba de verdad?

Bueno, cambiaba de una idea a otra. Cuando tomábamos un modelo, de educación, de preparación profesional, de gobernancia, cualquier sector del desarrollo…, en el momento en que su padre decía que no, Saif cogía el avión y se iba. Entonces volvíamos otra vez a la primera casilla. No creo que de verdad tuvieran intención de cambiar nada, querían dejar las cosas como estaban.

(FIN)