¿Cuánto vale un muerto egipcio?

¿Cuánto vale un muerto egipcio? ¿O un egipcio muerto? Más bien poco. Y se trata de un islamista, nada de nada. Este es el mensaje que nos están colando los medios, que funcionan con piloto automático según lo que digan o, en este caso, dejen de decir en Washington y en Bruselas. Esta misma noche, al cabo de día y medio de las matanzas de El Cairo, el Ministerio de Salud egipcio revisaba el número de muertos el miércoles en todo el país. De 149 pasó a 578 y luego a 638. Los heridos son 3.994, parece que ni uno más ni uno menos. ¿Y qué han dicho Washington y Bruselas? Pues han “condenado” la “violencia”. Y la prensa -así corresponde en estos casos- presenta la situación en Egipto como un enfrentamiento entre dos bandos, el ejército y los islamistas.
Los Hermanos Musulmanes y sus seguidores llevaban seis semanas de sentada en dos grandes campamentos en un barrio periférico de El Cairo. Los francotiradores del gobierno golpista ya les habían matado a 50 personas. Sí, ha habido violencia también por parte de radicales islamistas, pero allí seguían, pacíficamente.
En Egipto hubo un golpe de Estado el 3 de julio que no se ha querido reconocer. ¿Era el presidente Mohamed Morsi un demócrata? No. ¿Había sido elegido en las urnas y por tanto era legítimo? Sí. ¿Las manifestaciones contra él estaban justificadas? También.
Alguien tan poco sospechoso de simpatizar con los islamitas como el ex ministro israelí y ex embajador en España Shlomo Ben Ami decía en Barcelona, inmediatamente después del golpe, que se estaba enviando un mensaje peligroso al islamismo político, el mensaje de que nunca podrá alcanzar el poder por medios pacíficos. Ben Ami lo sabe muy bien, porque su propio gobierno se ocupó de someter a los habitantes de Gaza al más cruel de los bloqueos por el hecho de haber votado en masa a Hamas, que por cierto forma parte de los Hermanos Musulmanes.
Inmediatamente después de la masacre, hemos podido escuchar, por ejemplo, a Javier Solana, un experto en dedicar mucho tiempo a hablar para decir muy poco o nada, abundando en la teoría del enfrenamiento y diciendo que, al fin y al cabo, los militares que mandan ahora en Egipto ya no son los de Mubarak sino tipos más jóvenes. Menos mal, pues…
Bernardino León, uno de los diplomáticos españoles más reputados pero cuyo papel como enviado de la Unión Europea para el sur del Mediterráneo no soy capaz de valorar, estuvo tratando de gestar un acuerdo entre el gobierno cívico-militar (es decir, militar) y los Hermanos Musulmanes hasta el último momento. Y de impedir el asalto a los campamentos islamistas. Con él estaban el enviado de Estados Unidos William Burns y los ministros del ramo de Qatar (gran apoyo de los Hermanos) y los Emiratos Árabes Unidos.
¿Habrá represalias contra los gorilones egipcios? No. Washington no quiere comprometer sus relaciones con Egipto, que son y han sido sempre relaciones con sus militares, a pesar de que bendijera el derrocamiento de Mubarak y -pactos mediante- la victoria electoral de Morsi. La alianza con Israel está por encima de todo y la protección del estado hebreo -una protección casi de estilo mafioso- se paga en El Cairo.
Por lo tanto, y en consecuencia con la postura norteamericana, las represalias, o posibles sanciones económicas, por parte de la Unión Europea “no son una opción”, salvo si lo que está ocurriendo significa una “reversión” en una transición democrática. Así lo ha dicho Bernardino León. Es decir, rodear con la policía y el ejército un campamento de miles de civiles que llevan a cabo una protesta pacífica y matar a tiros a doscientas personas, que es lo que ocurrió en la explanada de la mezquita de Rabaa el Adauiya, no es una “reversión” en una transición democrática. ¿Queda claro?