Para (intentar) entender lo de Siria / 3. El misil que le falta a Bashar el Asad

(Publicado en La Vanguardia el 6 de Septiembre de 2013)

VladímirPutin ha despejado una incógnita en San Petersburgo: Rusia, principal proveedora de armas a Siria, suspende el envío del sistema de misiles S-300 a Bashar el Asad… aunque ya estaba medio pagado. El sistema S-300 es el equivalente ruso del Patriot estadounidense, misiles de medio-largo alcance capaces de interceptar en pleno vuelo misiles de crucero y aviones de combate; es decir, el mayor obstáculo para el pretendido ataque de Barack Obama a Siria con los Tomahawk. EE.UU. y la OTAN tienen instalados misiles Patriot en Jordania y Turquía.

No se trataba de un misterio, pero en los últimos meses rusos y sirios dejaron margen para la especulación. A finales de mayo, inmediatamente después de que la Unión Europea levantara el embargo de armas a Siria (para apoyar legalmente a los rebeldes), Bashar el Asad dijo que había recibido ya el primer envío de S-300. Rusia afirmó entonces que los S-300 serían “un factor estabilizador”, a lo que Israel respondió amenazando con atacar Siria.

Rusia se desdijo, asegurando que, aunque seguía vigente el contrato (por mil millones de dólares, firmado en el 2011 pero antes de la guerra), la entrega se retrasaba hasta el 2014. Más aún, tras el ataque químico del pasado 21 de agosto, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, dejó muy claro que Rusia no iba a “entrar en guerra con nadie”. Rusia ha ido evacuando, a lo largo de esta guerra, a sus ciudadanos en Siria, incluido el personal de la base naval de Tartus. Si el S-300 estuviera ya en el país, según el protocolo habitual tendría que ser manejado al principio por los expertos rusos hasta que el cliente sirio estuviera entrenado. Eso sería como entrar directamente en la guerra, y si un ataque norteamericano a una de estas baterías provocara bajas rusas, eso podría ser casus belli.

La agencia rusa Ria-Novosti ha confirmado las palabras de Putin en el sentido de que los componentes entregados -supuestamente en mayo- no son suficientes para poner en marcha una batería de defensa antiaérea. Tampoco Damasco podría haber obtenido el sistema a través de Irán porque Rusia incumplió este mismo tipo de contrato con Teherán y no le envió los S-300. Moscú aplicó el embargo de armas dictado por las sanciones de la ONU contra Irán y suspendió el acuerdo, lo que llevó al Gobierno iraní a denunciar a Rusia ante el Tribunal Internacional de Arbitraje de Ginebra. Los iraníes están desarrollando su propio equivalente al S-300, pero queda lejos de estar listo.

Los planes de intervención en Siria se empezaron a barajar en el Pentágono por orden de Obama oficialmente en marzo del 2012. El esquema inicial era parecido al que se aplicó en Libia en el 2011: imponer una zona de exclusión aérea y abrir corredores para las fuerzas rebeldes. Sin embargo, según explicó al Senado el jefe de Estado Mayor, el general Dempsey, lograr la superioridad aérea en Siria costaría “un periodo de tiempo prolongado y un gran número de aeronaves”, cientos de aviones. Siria no es Libia. La aviación de El Asad es tan obsoleta e ineficiente como lo era la de Gadafi, pero su defensa antiaérea integrada es aparentemente mejor y más numerosa. El primer día de bombardeo de la OTAN sobre Libia se lanzó un centenar de misiles Tomahawk. En el caso de un ataque sostenido a Siria se suma otro problema: es necesaria la colaboración de las fuerzas de tierra para la identificación de objetivos móviles y las comunicaciones. En el caso sirio, ¿en quién hay que confiar?

Todo esto daría sentido a la opción de operación “limitada” a que se ha referido Obama. Existe el precedente de septiembre del 2007, cuando la aviación israelí atacó una supuesta instalación nuclear en Siria, bloqueando la defensa electrónica y los radares durante un breve periodo de tiempo.

Pero queda otro problema. Lo que los rusos sí han tenido tiempo de enviar a Siria es el sistema antibuque Bastión, instalado en la costa pero móvil, que está equipado con misiles supersónicos P-800 Yajont, lo bastante potentes como para hundir un barco a más de 300 kilómetros de distancia. Naturalmente, la Armada de EE.UU., desde cuyos navíos se lanzarían los Tomahawk contra Siria, dispone del sistema antimisil Aegis para protegerse, pero se supone que el misil Yajont está diseñado precisamente para contrarrestarlo…

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Para (intentar) entender lo de Siria / 2. Triple juego en el campo sirio

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ARABIA SAUDI, ESTADOS UNIDOS Y LOS YIHADISTAS, EN UNA INSÓLITA ALIANZA DE INTERESES CONTRA EL RÉGIMEN DE BASHAR EL ASAD

(Publicado en La Vanguardia el 2 de Septiembre de 2013)

El 22 de agosto, al día siguiente del ataque químico en Damasco, el Financial Times publicaba una carta al director firmada por K.N. Al Sabah, de Londres. Decía: “Señor, Irán está apoyando a El Asad. ¡Los estados del Golfo están contra El Asad! El Asad está contra los Hermanos Musulmanes (…) ¡Pero los estados del Golfo son pro-Al Sisi! Lo que significa que están contra los Hermanos Musulmanes! (…) Los estados del Golfo son pro-EE.UU. Pero Turquía está con los estados del Golfo contra El Asad, aunque Turquía está a favor de los Hermanos Musulmanes contra el general Al Sisi. Y el general Al Sisi está apoyado por los estados del Golfo!”
El remitente concluía: “Bienvenido a Oriente Medio y que tenga un buen día”. ¿Confuso? Desde luego. En la carta -que resumimos- el autor concentraba la historia más reciente de Oriente Medio. Pero faltaba el dato más nuevo: EE.UU. está contra El Asad y apoya a los rebeldes sirios, cuya fuerza más importante son yihadistas y asociados a Al Qaeda, que es precisamente el enemigo jurado de EE.UU. En Siria, estos radicales han recibido armas de Arabia Saudí, que es aliado estratégico de EE.UU. en la región. Al mismo tiempo, Barack Obama bombardea con aviones no tripulados a Al Qaeda en Yemen y la frontera afgano-pakistaní (causando por cierto miles de víctimas civiles).
¿Cómo es posible semejante alianza ? En Siria, algunos piensan -o quieren pensar- que Washington aprovecharía el ataque a El Asad para diezmar también a los yihadistas. Otros temen eso mismo. Y observadores exteriores como Robert Fisk creen que no lo hará en absoluto. En el campo de batalla de Siria está la pugna Arabia Saudí-Irán, con sus respectivos aliados EE.UU. y Rusia, en la que Turquía y Qatar aparecen como aspirantes a poderes regionales.
Entre los rebeldes sirios, la filiación islamista ha llegado a ser garantía de recibir armas. Hasta marzo, el tráfico de armas -a través de Turquía y Jordania- era mucho mayor por parte de Qatar que de Arabia Saudí, aunque ambos países colaboraban en las entregas. Pero las cosas han cambiado y el peso de los saudíes, sobre el terreno y en la Coalición Nacional Siria -la oposición política en el exilio-, es ahora mayor.
Todo esto ha coincidido en el tiempo con la abdicación, en junio, del emir qatarí en su hijo y en la sustitución del poderoso ministro de Exteriores y primer ministro, Hamad bin Yazme al Zani, el hombre que llevó a un estado minúsculo a la primera línea de la política regional.
El analista Vijay Prashad observa que desde entonces la política exterior qatarí está en rápida decadencia y señala que Washington cree que la manera de “desinflar” a los Hermanos Musulmanes -a los que antes apoyó indirectamente en Egipto y que están patrocinados por Qatar- es reducir las ambiciones del pequeño emirato. La ecuación también funciona al revés: en Egipto, los Hermanos Musulmanes han sido echados del poder, con lo que Qatar pierde peso, mientras que el partido salafista Al Nur, apoyado por los saudíes, forma parte de la coalición cívico-militar encabezada por el general Al Sisi.
Qatar ha sido enemigo y ha sido aliado de EE.UU. Apoya a Hamas y les puso oficina a los talibanes afganos en Doha, pero también fue un importante socio en el derrocamiento de Gadafi en Libia. La cadena Al Yazira ha sido muy odiada por Washington, pero ahora acaba de inaugurarse el canal Al Yazira América…
Se especuló mucho sobre el interés estadounidense en la caída del gran ministro de Exteriores del viejo emir Al Zani, a la vez que se producía el asenso de John Brennan a jefe de la CIA. En la época en que Brennan fue asesor de Obama en política antiterrorista, según The Wall Street Journal , tuvo de confidente al príncipe saudí Bandar bin Sultan al Saud, que parece ser el hombre del momento.
Amigo de George W. Bush, y de formación estadounidense en su juventud, Bandar desempeñó muchos papeles para EE.UU. en Afganistán e Iraq. Ahora, convertido en jefe de los servicios secretos saudíes, se habría presentado de nuevo como solucionador de problemas , despejando además a Qatar del juego sirio. Se le atribuye haber convencido a Washington de que hay que derrocar a Bashar el Asad y de que eso es posible ayudando con dinero y armas a las milicias menos radicales. Sin embargo, sobre quién ha armado a los más alqaedistas, si Qatar o Arabia Saudí, hay versiones para todos los gustos. Es obvio que quien tiene más medios recluta más combatientes, pero la promesa de controlar e impulsar a determinadas milicias, aceptables para EE.UU., parece cuando menos optimista. Los testimonios recogidos por la periodista Dale Gavlak en el lugar del ataque químico (ver La Vanguardia del 31/IX/2013) afirmaban que Bandar era el proveedor de gas tóxico a los rebeldes (a quienes se les habría ido de las manos , a través de un jefe miliciano saudí.
La reaparición del príncipe Bandar como gestor del ataque de EE.UU. ha servido para desempolvar una pequeña historia sobre petróleo, gas e intereses rusos que podría haber explicado por qué Moscú se ha mostrado tan poco beligerante ante los planes de ataque de Obama.
El 31 de julio, el príncipe Bandar visitó a Vladímir Putin y le ofreció de todo a cambio de que aceptara una resolución del Consejo de Seguridad contra Siria. A saber: conservar la base naval de Tartus, garantías de que los terroristas chechenos no atenten contra los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi, una compra de armas por 15.000 millones de dólares, inversiones en Rusia, un pacto para regular el precio del petróleo y la promesa de que Arabia Saudí no permitiría a los estados del Golfo (léase Qatar) exportar gas a través de Siria dañando los intereses de Rusia.
Los medios rusos filtraron esta oferta y el diario beirutí As Safir la publicó con un sospechoso lujo de detalles y citas textuales, atribuyéndola a un diplomático occidental en Líbano. La intención, según Vitali Naumkin, del Instituto de Oriente de la Academia de Ciencias rusa, era “desacreditar a Rusia” y crear dudas sobre su posición respecto a Siria. Pero Putin no iba a ceder por vender 150 carros de combate T-90 (España espera que los saudíes compren 250 carros Leopard), ni tampoco iba a aceptar que quienes financian a los chechenos le cuiden la granja… Tampoco un acuerdo sobre el precio del petróleo le interesa, según The Daily Telegraph .
Y en cuanto al gas… En el 2009, Qatar estudió con Turquía la construcción de un gasoducto. El objetivo era, una vez más, contrarrestar el peso del gas ruso en Europa. Había dos rutas posibles. Pasando siempre por Arabia Saudí, una llegaría a Turquía por Iraq y la otra, por Jordania y Siria. Esta última era entonces la más segura. Pero Damasco no firmó, y optó por un gasoducto Irán-sur de Iraq-Siria en el que habría inversión rusa. Si existe un pacto por parte de Rusia, no parece ser el del príncipe Bandar. Pero en todo lo que respecta a Oriente Medio, la cuestión no es otra que el petróleo y el gas.

Ex jefazos de la ONU denuncian el ataque a Siria

Varios ex jefazos de la ONU denuncian en una carta los planes de ataque a Siria y los argumentos más que dudosos con los que pretenden justificarla. De paso, dicen cuatro verdades. Ya era hora de una cosa así, pero ojalá no fueran antiguos jefes sino los actuales (la fidelidad a unos sueldos fantásticos, ya se sabe…).
Aquí va la carta:

ALEGATO POR LA PAZ

Los tambores de guerra vuelven a resonar una vez más en Oriente Próximo, esta vez con la posibilidad de un inminente ataque a Siria después del supuesto uso de armas químicas por parte de su gobierno. Precisamente en momentos de crisis como estos es cuando los argumentos en favor de la paz son más claros y obvios.

En primer lugar, no tenemos pruebas solidas de que el gobierno sirio haya utilizado armas químicas. Aunque los gobiernos occidentales hubieran proporcionado pruebas, tendríamos que permanecer escépticos recordando los muchos incidentes falsos o fabricados utilizados para justificar el precipitarse a la guerra: el incidente del Golfo de Tonkin, la masacre de las incubadoras de Kuwait, la masacre de Racak en Kosovo, las armas iraquíes de destrucción masiva y la amenaza de una masacre en Bengasi. Vale la pena recordar que las pruebas que indicaban que el gobierno sirio había utilizado armas químicas fueron proporcionadas a Estados Unidos por la inteligencia israelí http://www.theguardian.com/world/2013/aug/28/israeli-intelligence-intercepted-syria-chemical-talk
, que no es exactamente un actor neutral.

Aunque en esta ocasión las pruebas fueran auténticas, esto no legitimaría una acción unilateral por parte de nadie. Todavía se necesita la autorización del Consejo de Seguridad para una acción militar. Quienes se lamentan de su “inacción” deberían recordar que la oposición china y rusa a la intervención en Siria se debe en parte al abuso por parte de las potencias occidentales de la Resolución del Consejo de Seguridad sobre Libia para llevar a cabo un “cambio de régimen” en ese país. Lo que se denomina la “comunidad internacional”, que desea atacar Siria, se reduce a dos países (Estados Unidos y Francia) de los casi doscientos que existen en el mundo. No es posible respetar el derecho internacional sin respetar la opinión decente del resto de la humanidad.

Aunque se autorizara y llevara a cabo una acción militar, ¿qué conseguiría? No se pueden controlar seriamente las armas químicas sin tropas de tierra, lo que nadie considera una opción realista después de los desastres de Iraq y Afganistán. Occidente no tiene un aliado verdadero y fiable en Siria. Los yihadistas que luchan contra el gobierno no siente más amor por Occidente que aquellos que asesinaron al embajador estadounidense en Libia. Una cosa es tomar el dinero y las armas de un país y otra muy diferente es ser su genuino aliado.

Los gobiernos sirio, iraní y ruso han hecho propuestas de negociación que han sido tratadas despectivamente por Occidente. Aquellas personas que afirman “no podemos hablar o negociar con Assad” olvidan que se dijo lo mismo del Frente de Liberación Nacional de Argelia, de Ho Chi Minh, Mao, la Unión Soviética, la OLP, el IRA, ETA, Mandela y el CNA, y muchas guerrillas en América Latina. La cuestión no es si se habla o no con la otra parte, sino después de cuántas muertes innecesarias se acepta hacerlo.

La época en la que Estados Unidos y los pocos aliados que le quedaban actuaban como policía global ha quedado atrás. El mundo se está volviendo más multipolar y los pueblos del mundo quieren más soberanía, no menos. La mayor transformación social del siglo XX ha sido la descolonización y Occidente debería adaptarse al hecho de que no tiene ni el derecho ni la competencia ni los medios de gobernar el mundo.

No existe un lugar en el que la estrategia de guerras interminables haya fracasado más miserablemente que en Oriente Próximo. A largo plazo, el derrocamiento de Mossadegh en Irán, la aventura del Canal de Suez, las muchas guerras israelíes, las dos Guerras del Golfo, las amenazas constantes y las sanciones asesinas contra Iraq y ahora contra Irán, la intervención en Libia no han conseguido nada más que aumentar las masacres, el odio y el caos. Sin un cambio radical de política Siria solo puede ser otro fracaso para Occidente.

El verdadero valor no consiste en lanzar misiles crucero simplemente para hacer gala de un poder militar que se ha vuelto cada vez más ineficaz. El verdadero valor reside en romper radicalmente con esta lógica mortífera y, en vez de ello, obligar a Israel a negociar de buena fe con los palestinos, convocar una Segunda Conferencia de Ginebra sobre Siria y discutir con los iraníes su programa nuclear de forma honesta teniendo en cuenta la legítima seguridad y los intereses de Irán.

La reciente votación del Parlamento británico en contra de la guerra así como las reacciones en los medios sociales reflejan un giro generalizado de la opinión pública. En Occidente estamos cansados de guerras y estamos dispuestos a unirnos a la verdadera comunidad internacional en exigir un mundo basado en la Carta de las Naciones Unidas, la desmilitarización, el respeto a la soberanía nacional y la igualdad de todas las naciones.

Los pueblos de Occidente también exigen ejercer su derecho a la autodeterminación: si hay que emprender guerras, se debe hacer basándose en debates abiertos y teniendo en cuenta las preocupaciones que afectan directamente a nuestra seguridad nacional y no en una mal definida noción de “derecho de injerencia” que se puede manipular y falsear fácilmente.

Está en nosotros y nosotras obligar a nuestros políticos a respetar este derecho a la autodeterminación.

Por la paz y en contra de la intervención.

Firmas:

Dr Hans Christof Graf von Sponeck, Secretario General adjunto de la ONU, y Coordinador Humanitario de la ONU para Iraq 1998 – 2000.

Dr. Denis J. Halliday, Secretario General adjunto de la ONU 1994-98

Dr. Saïd Zulficar, funcionario de la UNESCO 1967 to 1996, Director de la División del Patrimonio Cultural 1992 -1996

Dr. Samir Radwan, Fonctionnaire OIT de 1979 à 2003. Conseiller du Directeur général de l’OIT sur les politiques de développement de 2001 à 2003. Ministre égyptien des Finances de janvier à juillet 2011.

Dr. Samir Basta, directeur du bureau régional pour l’Europe de l’Unicef (1990 à 1995). Directeur Bureau d’Evaluation de l’UNICEF (1985-1990)

Lo malo de ser checheno

A estas horas, mientras se persigue por todo Boston y alrededores a un chaval de 19 años de origen checheno, cómplice al parecer de su hermano mayor, sólo espero que, a diferencia de éste, sea capturado con vida y pueda ser interrogado. Porque hasta ahora el mero hecho de ser chechenos y musulmanes los ha catalogado como terroristas, cuando muy bien podría tratarse de un vulgar asesino -un “lobo solitario” al mejor estilo norteamericano- que fue secundado por su hermanito. Y los motivos ideológicos, si los hay, podrían ser de naturaleza muy difusa…
Durante todo el viernes, las agencias de noticias exprimieron al máximo la hipótesis del terrorismo islamista. Basándose -y esto es lo más grave- en páginas de la versión rusa de Facebook, Vkontakte (en ruso “en contacto”), se señalaban cosas como que los hermanos eran musulmanes, que el mayor, Tamerlán, condenaba el alcohol, etc., etc., y que el pequeño y huido Yojar incluía en su página enlaces a webs islámicas y sobre la guerra siria y el independentismo checheno, como si no fuera de lo más normal en un chaval de su edad, origen y cultura. Aunque podría serlo, eso no le convierte en terrorista.
Desde el Kremlin, un portavoz de Putin se ocupó de recordar que el presidente había advertido, mucho tiempo atrás, que no existen “mis” terroristas o “tus” terroristas, sino que el mismo terrorismo afecta a todos porque es global. Y esto sirve para justificar tanto el trato que él y los suyos han dado a los chechenos durante años como su apoyo al régimen de Bashar el Asad, habida cuenta de que son los salafistas los que llevan la delantera en la guerra de Siria (gracias a Qatar y Arabia Saudí, los más indeseables aliados que podría tener Estados Unidos) y que Siria no está tan lejos del patio trasero ruso del norte del Cáucaso como podría parecer.
Sin embargo, la ONG rusa Memorial dudaba mucho de que la pareja siguiera las órdenes del actual jefe rebelde checheno, Doku Umárov -o Doku Abu Usmán-. Y la propia página web rebelde Kavkaz Center, que se dedicó a analizar un sinfín de datos -incluidos supuestos registros falsos en Twitter- titulaba: “Extraños terroristas: el uno soñaba con tener una carrera y ganar dinero -el joven Yojar- y el otro, con competir por América en los Juegos Olímpicos”… Ni Kavkaz Center ni algunos observadores occidentales pierden de vista que el hecho de que los criminales sean chechenos le viene bien a Putin.

El nieto de Trotski habla de “el abuelo”

En el 72 aniversario del asesinato de Trotski, su nieto, Esteban Volkov, habla del “abuelo”, de su lucha, de los atentados, del capitalismo… Con acento mexicano en este video de The Guardian.

http://www.guardian.co.uk/world/video/2012/aug/20/trotsky-assassination-remembered-grandson-video

Y, al lado, artículo en inglés. Si leyeron el post de Trotski y la banca española, no se lo pierdan.

Silencio sobre Siria

¿Por qué este silencio sobre Siria?

Ahora, cuando la guerra ha llegado a Alepo, ciudad Patrimonio de la Humanidad, y se cuentan más de 18.000 muertos, que salen a  un millar por mes desde que el conflicto sirio empezó, puede ser oportuno recordar cómo la (ex) ministra de Exteriores Trinidad Jiménez piropeaba a Bashar el Asad por sus ojos bonitos. Alguien le había dicho que era “un reformista”. Su predecesor en el cargo, Miguel Ángel Moratinos, me dijo hace algo más de seis meses que le sorprendía la actitud de Bashar, inesperada en un tipo “moderno”…  Para entonces ya se había cargado a un montón de gente…, cuánta exactamente no importa, fueran mil o cinco mil. ¿A partir de cuánto hay que empezar a contar? A Gadafi le persiguieron las furias por sólo 250 muertos en la Cirenaica y unos pocos en Trípoli. Italia, preparándose para el cambio de tercio, dijo que eran diez mil…

Bashar el Asad no tiene nada que temer de ninguna amenaza exterior. Ya es demasiado tarde para que se produzca. Supongo que no son muchos los que conocen de verdad a este tipo, posiblemente el más patético de los mandatarios contemporáneos. Ahora me lo imagino divagando, huyendo de la realidad en todo momento posible, quizás colgado de internet allá en su palacio; echando firmas en toda clase de documentos, cargado de hombros por la responsabilidad del clan familiar. Pero sin sentirse en absoluto responsable de la ruina de su país, de la muerte de sus súbditos, que no conciudadanos…

Quien tenga memoria recordará cómo, hace exactamente un año, todo el mundo clamaba  por salvar Bengasi de las bombas de Gadafi. Yo estaba allí entonces y me llegaba el eco. Y tengo, a fin de cuentas, que estarle agradecido a la OTAN. Ahora nadie alza la voz por Alepo, ni un jefe de estado. Lo que dicen los secretarios y ministros y subalternos no lo voy a reproducir aquí porque se resume en un “qué lástima”. Pero señalan que una masacre… pues sí, va a haberla.

Ahora, con la batalla de Alepo, muy oportunamente y de una forma tan ruda como en el fondo previsible, ha aparecido el argumento de oro para justificar el abandono del pueblo sirio (y me refiero por igual al que está a uno y otro lado de la barricada o en ninguno de ellos). Se nos dice que Al Qaeda, los yihadistas, los salafistas, están en Siria, entre los rebeldes.

Resulta, pues, que en esto coinciden todos: el régimen sirio, Estados Unidos, Rusia, todos aquellos convencidos de que en el mundo árabe sólo funciona la mano dura y, por fin, los conspiranoicos de esa supuesta izquierda que es capaz de colgar juntos los retratos de Fidel, Chávez, Gadafi y Bashar como héroes de la lucha antiimperialista.

La noticia no es nueva y el argumento es débil. Lo mismo se dijo en el caso de Libia –con una importante comunidad yihadista que luchó en Iraq y Afganistán, incluido un jefazo de Al Qaeda ya liquidado-, y sin embargo nada impidió las resoluciones de la ONU y la intervención de la OTAN.

En la tragedia siria, las coartadas están a la vista. A Rusia no le gustó nada que se utilizaran las resoluciones de la ONU -en las que convino, absteniéndose- para bombardear Libia. Y la recién estrenada doctrina de la ONU “Responsabilidad de proteger” (a los civiles en una guerra) aplicada entonces quedó tocada seriamente por el cabreo ruso al excederse los aliados occidentales en sus atribuciones. El pretexto ruso ha resultado muy útil para no hacer nada.

A la opinión pública rusa –que cuenta poco- se le vende la arrogancia de EE.UU., que según el Kremlin quiere imponer por las armas cambios de régimen en Oriente Medio. Y al público occidental se le vende que, como Rusia apoya al dictador, no hay nada qué hacer. Pero cuando ya todos están de acuerdo en que a Bashar se le paró el reloj –y los rusos se refieren a los occidentales como sus “socios” en este asunto-, Al Qaeda, que es el enemigo de todos, viene al pelo para que, aunque hubiera acuerdo… ¡mmmh! Casi que no conviene.

Y como los medios de comunicación afines a los gobiernos no agitan el ambiente, nadie sale a la calle a protestar por la matanza de sirios

Parece que nadie quiera acordarse de que todo esto empezó como una revuelta civil, y de que sigue siéndolo en parte, a pesar de del Ejército Libre Sirio, de los yihadistas, los ajustes de cuentas sectarios y las degollinas, etc., etc. El Asad hablaba entonces –en su convencimiento de ser doctor en medicina, concretamente oftalmólogo- de “gérmenes” que infectaban la sociedad; en los últimos meses hablaba ya de “cirujía” para extirpar lo que hiciera falta.

Por último, y por si hiciera falta calmar la decepción general, se suma un argumento más. Resulta que la revolución se ha convertido en una asquerosa guerra de esas que los anglosajones llaman “by proxy”, impulsada a mayor beneficio de agentes externos: Arabia Saudí, Qatar, regímenes oscurantistas, y Turquía, en una complicada operación para estrangular a Irán. De modo que más pronto que tarde sabremos de las barbaridades que habrán cometido los rebeldes armados.

Los motivos reales son historia mucho más compleja. Esto es sólo el cuento.