Qué puede pasar en Siria esta semana

Aquí van algunas ideas de lo que se dice, se colige, se especula que puede pasar en los próximos día en Siria.

En la batalla de Alepo, las tropas de Bashar el Asad está por la labor de expulsar al rebelde Ejército Libre Sirio (ELS) de la ciudad. De lo que ocurre allí sólo hay unas pocas fuentes realmente fiables, las de los reporteros que se han quedado dentro. La campaña de desinformación, de un lado y del otro, ha hecho que, una vez más, sólo nos podamos fiar de los periodistas que se juegan la vida en el sitio, y aun así su acceso al conjunto de la situación no es posible: occidentales y árabes sólo pueden trabajar en la parte rebelde; en la del gobierno, lo hacen rusos e iraníes, y no mucho.

El ejército sirio persigue, al mismo tiempo, acabar con el territorio liberado del ELS junto a la frontera turca, pero van pasando las semanas y sigue concentrado en Alepo. Las incursiones en este sector corren a cargo de la aviación, tan sólo, y en realidad de forma limitada. Según unas versiones, las tropas de tierra no dan más de sí porque están empeñadas en otros frentes secundarios (Alepo no es el único); según otras, la familia Asad todavía no ha sacado todo lo que tienen y muchos soldados permanecen aún en sus cuarteles, porque la guerra será larga…

En cualquier caso, las noticias que se han adelantado para esta semana son muy interesantes, aunque vienen de una fuente ignota… Las ha difundido en inglés un tuitero que afirma ser sirio y que se identifica como The 47th, y dicen que el ELS va a disponer de cohetes portátiles antiaéreos SA-7. Hay otros rumores en el mismo sentido.

Lo de los antiaéreos parece fundamental, porque con ellos se podría combatir a la aviación y frenar así un avance de las tropas del régimen no sólo en Alepo sino en toda la provincia del mismo nombre, limítrofe con Turquía. De otro modo, las fuerzas del presidente El Asad lo tendrían mucho más fácil para cerrar la frontera turca y estrangular a la milicia rebelde.

Estos cohetes portátiles procederían de Libia. Llamados SA-7 en la terminología de la OTAN, son de fabricación rusa y su nombre original es Strelá (flecha). El nombre genérico, en inglés, del artefacto es SAM (misil superficie-aire). En la guerra de Afganistán de los ochenta, los muyaidín utilizaron con mucho éxito la versión americana, los Stinger, contra los helicópteros soviéticos.

Un rebelde libio, con un SA-7. Foto: Patrick Baz / Afp.

Y en Libia, en marzo del 2011, cuando el asedio de Bengasi era inminente, un buen día hicieron su aparición en las azoteas de los cuarteles rebeldes, uno, dos, tres, cuatro… Lograron derribar dos aviones; lástima que uno de ellos era de los propios rebeldes. Fue un triste error, con los tanques de Gadafi a las puertas de la ciudad. Lo pude ver perfectamente desde la calle, a eso de las nueve y media de la mañana del 17 de marzo. Sobrevolaba la ciudad a baja altura, la zona de exclusión aérea acababa de ser impuesta por la OTAN y nos preguntábamos entonces si iba o no a bombardear el cuartel general rebelde, junto al puerto. Pero resultó ser uno de los cuatro cazas que tenían los insurgentes. Ni siquiera se vio cómo subía el cohete para alcanzar el avión, que cayó igual que una cerilla que se arroja al suelo. Precisamente la víspera, un diputado conservador alemán de visita que había sido alcanzado cerca del frente de Brega por una lluvia de morteros –muriendo sus acompañantes libios- discutía con un miembro del Consejo Nacional de Transición la necesidad de cohetes Stinger. Aparentemente, en aquel ambiente de caos y a la vez de secretismo del campo rebelde, ni uno ni otro sabían que los cohetes ya habían llegado a Bengasi.

También en esa misma semana se ha de celebrar en territorio turco una reunión de comandantes rebeldes sirios para unificar de algún modo un mando militar, que hasta ahora parece poco menos que inexistente. En Turquía, el coronel desertor Riad el Asad (sin parentesco con la familia gobernante) se presentó en sociedad en junio del 2011 como jefe del Ejército Libre Sirio, pero no es reconocido (en qué medida no lo sabemos) por los comandantes del interior. Eso sí, su actividad en internet es incesante.

Todo esto nos lo adelanta el mencionado tuitero The 47th. Quienquiera que sea, hasta el momento ha acertado en dos cosas: la deserción del general Mustafa Tlas -viejo amigo de la familia El Asad-, que anunció con 24 horas de antelación,  y la defección de un alto cargo, hace más de una semana. Advirtió entonces que había problemas para sacarlo del país. Se trataba del primer ministro, Riad Hijab, y en efecto el hombre se largó a Jordania más o menos en el plazo señalado.

¿Qué se espera, además de todo esto? Teniendo en cuenta cómo están las cosas –e incluso que estamos en pleno agosto-, las fuerzas exteriores implicadas parecen muy relajadas. Nadie tiene prisa. Si acaso, Irán, que apoya a Bashar el Asad, vuelve a intentar una ofensiva diplomática para no quedarse fuera del concierto. Del viaje de Hillary Clinton a Turquía, y de su insinuación de que a lo mejor se impone una zona de exclusión aérea como en Libia, vale más no hacer caso. Porque es obvio que aquí nadie dice la verdad.

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