Silencio sobre Siria

¿Por qué este silencio sobre Siria?

Ahora, cuando la guerra ha llegado a Alepo, ciudad Patrimonio de la Humanidad, y se cuentan más de 18.000 muertos, que salen a  un millar por mes desde que el conflicto sirio empezó, puede ser oportuno recordar cómo la (ex) ministra de Exteriores Trinidad Jiménez piropeaba a Bashar el Asad por sus ojos bonitos. Alguien le había dicho que era “un reformista”. Su predecesor en el cargo, Miguel Ángel Moratinos, me dijo hace algo más de seis meses que le sorprendía la actitud de Bashar, inesperada en un tipo “moderno”…  Para entonces ya se había cargado a un montón de gente…, cuánta exactamente no importa, fueran mil o cinco mil. ¿A partir de cuánto hay que empezar a contar? A Gadafi le persiguieron las furias por sólo 250 muertos en la Cirenaica y unos pocos en Trípoli. Italia, preparándose para el cambio de tercio, dijo que eran diez mil…

Bashar el Asad no tiene nada que temer de ninguna amenaza exterior. Ya es demasiado tarde para que se produzca. Supongo que no son muchos los que conocen de verdad a este tipo, posiblemente el más patético de los mandatarios contemporáneos. Ahora me lo imagino divagando, huyendo de la realidad en todo momento posible, quizás colgado de internet allá en su palacio; echando firmas en toda clase de documentos, cargado de hombros por la responsabilidad del clan familiar. Pero sin sentirse en absoluto responsable de la ruina de su país, de la muerte de sus súbditos, que no conciudadanos…

Quien tenga memoria recordará cómo, hace exactamente un año, todo el mundo clamaba  por salvar Bengasi de las bombas de Gadafi. Yo estaba allí entonces y me llegaba el eco. Y tengo, a fin de cuentas, que estarle agradecido a la OTAN. Ahora nadie alza la voz por Alepo, ni un jefe de estado. Lo que dicen los secretarios y ministros y subalternos no lo voy a reproducir aquí porque se resume en un “qué lástima”. Pero señalan que una masacre… pues sí, va a haberla.

Ahora, con la batalla de Alepo, muy oportunamente y de una forma tan ruda como en el fondo previsible, ha aparecido el argumento de oro para justificar el abandono del pueblo sirio (y me refiero por igual al que está a uno y otro lado de la barricada o en ninguno de ellos). Se nos dice que Al Qaeda, los yihadistas, los salafistas, están en Siria, entre los rebeldes.

Resulta, pues, que en esto coinciden todos: el régimen sirio, Estados Unidos, Rusia, todos aquellos convencidos de que en el mundo árabe sólo funciona la mano dura y, por fin, los conspiranoicos de esa supuesta izquierda que es capaz de colgar juntos los retratos de Fidel, Chávez, Gadafi y Bashar como héroes de la lucha antiimperialista.

La noticia no es nueva y el argumento es débil. Lo mismo se dijo en el caso de Libia –con una importante comunidad yihadista que luchó en Iraq y Afganistán, incluido un jefazo de Al Qaeda ya liquidado-, y sin embargo nada impidió las resoluciones de la ONU y la intervención de la OTAN.

En la tragedia siria, las coartadas están a la vista. A Rusia no le gustó nada que se utilizaran las resoluciones de la ONU -en las que convino, absteniéndose- para bombardear Libia. Y la recién estrenada doctrina de la ONU “Responsabilidad de proteger” (a los civiles en una guerra) aplicada entonces quedó tocada seriamente por el cabreo ruso al excederse los aliados occidentales en sus atribuciones. El pretexto ruso ha resultado muy útil para no hacer nada.

A la opinión pública rusa –que cuenta poco- se le vende la arrogancia de EE.UU., que según el Kremlin quiere imponer por las armas cambios de régimen en Oriente Medio. Y al público occidental se le vende que, como Rusia apoya al dictador, no hay nada qué hacer. Pero cuando ya todos están de acuerdo en que a Bashar se le paró el reloj –y los rusos se refieren a los occidentales como sus “socios” en este asunto-, Al Qaeda, que es el enemigo de todos, viene al pelo para que, aunque hubiera acuerdo… ¡mmmh! Casi que no conviene.

Y como los medios de comunicación afines a los gobiernos no agitan el ambiente, nadie sale a la calle a protestar por la matanza de sirios

Parece que nadie quiera acordarse de que todo esto empezó como una revuelta civil, y de que sigue siéndolo en parte, a pesar de del Ejército Libre Sirio, de los yihadistas, los ajustes de cuentas sectarios y las degollinas, etc., etc. El Asad hablaba entonces –en su convencimiento de ser doctor en medicina, concretamente oftalmólogo- de “gérmenes” que infectaban la sociedad; en los últimos meses hablaba ya de “cirujía” para extirpar lo que hiciera falta.

Por último, y por si hiciera falta calmar la decepción general, se suma un argumento más. Resulta que la revolución se ha convertido en una asquerosa guerra de esas que los anglosajones llaman “by proxy”, impulsada a mayor beneficio de agentes externos: Arabia Saudí, Qatar, regímenes oscurantistas, y Turquía, en una complicada operación para estrangular a Irán. De modo que más pronto que tarde sabremos de las barbaridades que habrán cometido los rebeldes armados.

Los motivos reales son historia mucho más compleja. Esto es sólo el cuento.

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